“El Espíritu de Jesús No Tiene Fronteras”

“El Espíritu de Jesús No Tiene Fronteras”

Domingo XXVI TO.
Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Textos Litúrgicos:

Núm 11, 25-29
Sal 18
Sant 5, 1-6
Mc 9, 38-43. 45. 47-48

 

El espíritu actúa en todos.

¡Cuántas veces lo habrá repetido Jesús! Con cuanta cerrazón espiritual se encontraba y sigue encontrándose Jesús entre sus discípulos/as. Dios vino para todos, para los que se declaran cristianos y para los que se declaran no-cristianos. No hay nadie especial para el Espíritu, no existe la propiedad privada.

Quedarse en la zona de confort, entre los que consideras “los tuyos y cercanos”, es como si los seguidores de Jesús, de su época, no hubiesen vuelto a abrir las puertas de sus casas por temor a los judíos.

Reconocer que alguien que no se declara cristiano puede cuestionarnos nuestra creencia es un hecho positivo que no debemos desestimar, ni infravalorar. La magnanimidad y compromiso de los voluntarios no creyentes es de un valor incalculable que nos tiene que llevar a reconocer en ellos la presencia de Dios.

 

“Si tu mano te induce a pecar, córtatela…”

En las lecturas de este domingo podemos interpretar que ya Jesús conocía que nuestra propia humanidad iba a ser un hándicap para llevar a cabo el mensaje del Reino del Padre, de Dios. Y para ello nos indica que hay que hacer; En primer lugar, localiza aquello que te impide actuar con Amor y erradícalo, ampútalo. Y luego mira alrededor, localiza lo que hace sufrir al “otro” y denúncialo, no lo consientas, nos dice el apóstol Santiago “no podemos callar ante la corrupción, la injusticia, el engaño…” y únete con aquellos que defienden la dignidad de la persona y su felicidad porque las demás actitudes son extrañas al espíritu de Jesús.

 

Tu prójimo se encuentra “a tiro de ti”

Nosotros, los cristianos, debemos saber acoger, apoyar y estimular a todos los que defiendan una causa noble, aunque no estén entre “los nuestros”. Dice la lectura “el que no está contra mí, está conmigo”, por lo tanto si no lo hacemos estamos “escandalizando al prójimo”, al cercano. Jesús no estaba hablando de los lejanos si no de aquellos que estaban cercanísimos a nosotros, los que se encuentran “a tiro”.

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