El Espíritu lo fue llevando por el desierto

El Espíritu lo fue llevando por el desierto

Primer Domingo de Cuaresma. Ciclo C

Por: Cecilia Pérez. Vita et Pax. Valencia

Todavía con las mieles de la Navidad, saboreando la locura de un Dios hecho de carne débil, humana; un Dios muy grande por pequeño y humilde, y a la vez soberano y, aunque señor del tiempo, “encerrado” en el tiempo de otro año litúrgico apresurado que nos introduce en uno de sus espacios más apasionantes: la Cuaresma.

“Entonces clamamos al Señor, Dios de nuestros padres; y el Señor escuchó nuestra voz, miró nuestra opresión, nuestro trabajo y nuestra angustia”. Así comienza la liturgia de la Palabra de este domingo con la lectura del libro del Deuteronomio.

Resumen de lo que podríamos llamar la memoria histórica de Israel que le sirve para rescatar a través del tiempo la presencia operante de su Dios, de ese Dios que escucha, que mira, que conoce y ama; de un Dios que siente compasión, que tiene entrañas de misericordia que le ha conducido y hecho poseedor de una tierra que mana leche y miel.

La respuesta no puede ser otra que ofrenda de primicias de esa tierra, del don que ha crecido y ha fructificado en la propia vida personal y comunitaria. Todo lo que ahora poseen es obra de su Dios; Dios es dador de todo bien.

Es nuestra propia historia, personal y grupal, ¿o no?  Yo quiero, en un ejercicio de sinceridad y como respuesta a una invitación que percibo, verme en el hoy de un proceso que necesita  así, pasito a paso, adentrarse en el sendero o la autopista cuaresmal, de la mano de la Liturgia y sus celebraciones, para gustar de este tiempo de gracia y de ternura.

Cuaresma de la Misericordia que puede mirar ya, aunque recién estrenada con el apremiante conviértete y cree en el Evangelio”, el triunfo bien conseguido de la Pascua.

Pero, sin correr, que son cuarenta días, sin minusvalorar ni el desierto, ni la tentación, ni las palabras ladinas del tentador que yo imagino danzando y ofreciendo a Jesús todo lo habido y por haber, en aquel marco de Palestina; y que hoy se deja ver entremezclado con la sociedad del bienestar, la corrupción, la degradación política y económica, la injusticia, la mentira y todas las desigualdades junto a la propia estima y dignidad del ser humano y a todas las grandezas y miserias que vivimos en nuestras sociedades del siglo XXI.

Y la Palabra que está cerca, en los labios y en el corazón. Y las palabras de Jesús don  y grandeza que nos guían para saber por dónde caminar: “no sólo de pan…” “al Señor tu Dios adorarás…” “no tentarás al Señor, tu Dios”

La clave está en el Espíritu el mismo que le llevó al desierto a encontrarse consigo mismo para poder comprender  la proclamación del Padre que le dijo Tú eres mi Hijo, que tomó posesión de él para poder actuar como tal.

Hoy, la misma situación salvando las distancias, todas las distancias que haya que salvar; pero el camino está marcado, las huellas están sobre el polvo o el asfalto, las palabras pueden oírse sobre el viento o en la calma, actitudes, gestos, sentimientos.

Es el Señor quien va siempre delante y la Buena Noticia, el santo y seña. El recorrido cuaresmal, otra oportunidad. Y sabemos que “nadie que cree en él quedará defraudado”.

Quisiera que no se me pasara sin más esta Cuaresma, quisiera poder vivirla en plenitud.

 

 

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