El Señor nos bendice

El Señor nos bendice

Santa María, Madre de Dios. Ciclo b

Por: Carmen Calabuig. Vita et Pax .Kigali (Rwanda)

Comenzamos un nuevo año y nos deseamos unos a otros: ¡Feliz año nuevo!

La primera lectura es la felicitación del Señor para todos y cada uno de nosotros, en el comienzo de un año nuevo que se nos regala: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti… El Señor se fije en ti y te conceda la PAZ.

El Señor nos da SU BENDICION, su protección, vivimos bajo su mirada de amor y su deseo de PAZ… para todas las personas, familias y naciones.

A mi modo de ver, esta bendición es la mayor felicidad que podemos experimentar en nuestras vidas.

Son los mejores deseos del Señor para el mundo, sumido en tantas guerras y conflictos, fruto del deseo de poder y de las injusticias, al comenzar el  nuevo año.

Y también a las familias, aunque algunas sufran el fracaso en su matrimonio o vivan en situaciones de gran dificultad a causa del paro, la pobreza y enfermedades. Experimentar el consuelo para sus problemas, bajo esa mirada de Dios que promete la paz para los corazones, aunque los problemas puedan persistir.

¿Podemos cada uno de nosotros desear mayor felicidad al comienzo de este año y para cada día, que sentir que Dios nos  ben-dice,  que nos dice al corazón  palabras de ánimo para que sigamos creando un mundo nuevo, más justo y fraterno?

Vivir esta bendición depende de nosotros.

Es su oferta: nos BEN-DICE, depende de nosotros escuchar su Palabra y hacerla vida en cada situación concreta.

“María guardaba todas las cosas meditándolas en su corazón”.

María, como madre, guarda en su corazón los gozos, los sufrimientos y las esperanzas de todos nosotros.

¿Qué guarda nuestro corazón? ¿Cómo miramos el mundo que nos rodea, ese mundo que Dios ama, al que entregó su Hijo para que todos vivan en libertad?  “Porque ya no somos esclavos sino hijos”.

¿Miramos, con los ojos de Jesús,  el sufrimiento de tantas personas que viven empobrecidas porque otras consumimos lo que es de todos? ¿Cómo nos interpelan estas situaciones?  ¿Cuál es nuestro grano de arena en la construcción de un mundo de hijos y hermanos? Todos tenemos, al menos, una pizca de poder, ¿lo traducimos en servicio?

María madre de Dios, madre de la Iglesia, madre de todos.

María dio al mundo al Salvador.

Nosotros, sus hijos, estamos llamados a dar también nuestra vida, don recibido, para que otros tengan VIDA y VIDA EN ABUNDANCIA.

“De la abundancia del corazón habla la boca”… que de nuestro corazón agradecido, a tanto como hemos recibido y recibimos cada día, broten gestos de compasión, de misericordia y de ternura que hagan creíble el amor que Dios tiene por cada uno de sus hijos.

Que nuestra Iglesia sea esa casa, con la puerta siempre abierta que, como las madres, siempre acoja a sus hijos, con un amor de predilección a aquellos que están más alejados. Que sea siempre antes madre que maestra.

Que este año, que hoy comienza, el Señor siga bendiciendo a este mundo, que tanto sufre, con el don de su PAZ y que nosotros seamos constructores de PAZ, trabajando por el Reino y su justicia.

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