“Entre Tormentas y Tempestades”
XII Domingo TO.
Por:Mari Carmen Martín.Vita et Pax. Rwanda

Entre Tormentas y Tempestades

“Entre Tormentas y Tempestades”
XII Domingo TO.
Por:Mari Carmen Martín.Vita et Pax. Rwanda

 

Textos Litúrgicos:

Job 38,8-11
Sal 106
2Cor 5,14-17
Mc 4,35-41

Al igual que en el evangelio, una fuerte tempestad está asolando la humanidad en estos momentos. Como una tormenta tropical que descarga de repente, la crisis del coronavirus nos ha sorprendido y ha cambiado súbitamente el mundo y nuestra vida personal. Todo empezó cuando en enero de 2020, el presidente chino, Xi Jinping, informó a la opinión pública sobre el estallido de la pandemia, explicando que el peligroso virus se difundía por contacto humano. Desde entonces la covid-19 ha provocado angustia y terror en el planeta.

Como un ladrón nocturno, el coronavirus ha pillado desprevenido al mundo haciendo estragos en cualquier parte del globo. Muchas personas han tenido que lamentar la muerte de familiares y amigos queridos. Otras han caído en dificultades económicas, muchas han perdido su puesto de trabajo. Innumerables pasan hambre.

Esta dramática situación ha puesto en evidencia la caducidad y vulnerabilidad que nos caracteriza como humanos, cuestionando las certezas que cimentaban nuestros planes y proyectos. Esta crisis representa un reto médico, económico, humano y espiritual hasta ahora desconocido, que va a marcar decisivamente los años venideros.

La crisis es una señal de alarma, que nos hace considerar con detenimiento dónde se hallan las raíces más hondas que nos sostienen en medio de la tormenta. Esta, en concreto, supone una interpelación a nuestra fe. Es un tiempo de dudas, de experiencias límite. Surge una y otra vez la pregunta: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué no actúa ¿Acaso duerme? ¿Será que no existe?

No, no hay recetas mágicas para salir con rapidez y sin demasiado dolor de esta situación de infortunio. Pero no podemos olvidar que esta tragedia se inició en un tiempo en el que las comunidades cristianas de todo el mundo recordábamos la muerte y resurrección de Jesús de Nazareth.

Las dudas de la primera comunidad cristiana cuando mataron a Jesús fueron evidentes: ¿Dónde estaba Dios? ¿Por qué no había actuado para salvar a Jesús? Por el contrario, la experiencia de la resurrección les confirmó que no estaban equivocados, que Jesús tenía razón y que en Él se les había desvelado el Misterio de Dios. Esto cambió radicalmente sus vidas y como alguien ha dicho: dejaron de preguntarse dónde estaba Dios para tratar de hacerlo presente.

Fue el inicio de un movimiento sorprendente de mujeres y hombres que, en medio de una experiencia de fracaso y desolación, anunciaron que la muerte no era la última palaba. Supuso un acontecimiento asombroso e inesperado que generó en el grupo una vida nueva que hicieron creíble con sus vidas transformadas.

Tal vez hoy, como comunidad cristiana, también, sería bueno dejar de lamentarnos, de preguntarnos dónde está Dios y tratar de hacerlo presente en nuestra vida concreta, aunque sea entre tormentas y tempestades.

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