Escuchar entre las voces una

lunes, febrero 1st, 2016

Domingo 5º del TO.  Ciclo C

Por: Marita Oliver. Vita et Pax – Pamplona

Este breve tiempo desde la Navidad, ha sido como una catequesis de discernimiento desde la escucha del Señor. Esa actitud nos adentrará en la Cuaresma que iniciamos el próximo domingo. Acompañaremos a Jesús al desierto donde, ante las tentaciones, no dudará en responder sólo Dios. Se nos mostrará Jesús escuchando entre las voces una*, la del Padre.

La liturgia de estos domingos nos ha mostrado el camino de la discípula, del discípulo, el proceso de conocimiento del Señor para amarle y seguirle desde el discernimiento cristiano.

El día del Bautismo del Señor escuchábamos: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto” (Lc. 3,22). Para un domingo más tarde, en las bodas de Canaá, ser María la que nos decía con los sirvientes: Haced lo que él diga” (Jn. 2, 5). El tercer domingo escuchamos al mismo Jesús reconociendo su misión: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar… el año de gracia del Señor” (Lc. 4, 18-19). Ratificándolo el domingo siguiente: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír” (Lc. 4, 21). En este itinerario pudimos rezar con la confianza del salmista: “Me instruiste desde mi juventud” (Sal 70).

Los diferentes textos piden apertura a su voz, escucha, confianza y docilidad a su Espíritu. La experiencia de fe nos va conduciendo a reconocer su llamada en medio de la realidad, a reconocer su voz, como la del Buen Pastor: la voz de la verdadera misericordia de otras voces que sólo la nombran.

En el evangelio de hoy Jesús provoca el encuentro, se acerca a los pescadores y se dirige a Simón, un pescador, no un maestro de la ley ni quien ostenta el poder. Como se dirige a cada persona en lo cotidiano y en la novedad de la vida provocando también el encuentro.

Lo que la vida nos pone delante no siempre es sencillo. Parece que al final ‘no pescamos nada’, pero el Señor se presenta ahí y nos invita a remar mar adentro y echar las redes, a profundizar en la situación en la que nos ha puesto la vida y no desatender las nuevas indicaciones que presenta. Está renovando la llamada.

Y Pedro confía en la palabra de Jesús: “porque tú lo dices”. Es la confianza que no se improvisa, la confianza que mana del reconocimiento de la voz que llama a la vida, del Maestro, la confianza que crece y se forja en el contacto, en la respuesta, en las horas compartidas, en la intimidad. La confianza en la que se apoyará para decir: Tú lo sabes, tú sabes que te quiero” (Jn. 21, 17).

También Pedro en su seguimiento va aprendiendo a discernir. Llega un momento en su proceso de fe que su testimonio, junto con los demás apóstoles, debe pasar por distinguir entre las voces una y responder: “Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5,29).

A nuestro alrededor tenemos muchos ruidos y muchas voces que pretenden hacerse oír como absolutas. Y son esas voces las que, sin pretenderlo, nos invitan con más fuerza a afinar el oído, a discernir para que no se nos cuelen, a profundizar, a remar mar adentro y echar las redes.

Este tiempo nos está regalando un bonito camino de discernimiento desde la escucha. En cada una de nosotras está el confiar en sus propuestas y no dejarlo pasar, agradeciendo que nos conduzca a reconocer su voz, a discernir entre la voces la suya.

(*) Expresión tomada de Carolina Mancini para referirse al discernimiento.

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