Esta María tan humana

lunes, agosto 12th, 2019

FIESTA DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Por: Rosa María Belda Moreno. Mujeres y Teología de Ciudad Real.

 “Se oyó una gran voz en el cielo: Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo”.

En el difícil lenguaje del Apocalipsis, leemos esta primera lectura, en la que aparece una mujer que da a luz a un niño que es nuestro Dios. Enfrentándose al mal para llegar a la vida plena nace este Dios que es humano e hijo de mujer, en el que confiamos para atravesar las dificultades, en el que creemos como sentido de todo. El principio y el fin de la historia de nuestra vida. Difícil, pero no imposible para sugerirnos una palabra nueva.

“El último enemigo aniquilado será la muerte”.

Pablo hace referencia a ese misterio de nuestra fe que es la resurrección, en el que Cristo abre el camino. Verdaderamente clave es reconocer que volveremos a la vida. La fe nos alienta a vivir la vida haciendo frente a tantos límites, creyendo en que Jesús lo hizo primero. La soledad, la enfermedad, la vejez, la falta de fuerza… a veces nos desmorona el sentido. Y sin embargo, Dios está ahí, presencia en nuestra vida limitada, ánimo de trascendencia, capacidad de lucha para que las sombras no oscurezcan lo esencial.

 “Enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.

En este bonito relato de la visita de María a Isabel, se destila otra clave gozosa de nuestra fe. María, madre de Jesús, tuvo que atravesar penumbras y abatimientos, y tantas dudas… ¿Cuándo se hizo cristiana, es decir, discípula y no solo madre? Seguro que atravesó contradicciones, incomprensiones, dolor y angustia. ¡Y perdió a su hijo! Esta María tan humana, como tantas mujeres de hoy, es la María del Magnificat que da a luz a Dios para que sea posible el Reino.

Me identifico hoy con Isabel, saludada y abrazada por María. Parece que me diga: “te entiendo, amiga”. Y su saludo me invita a no creerme superior a nadie, a tener confianza en que el Señor me sostendrá, me conducirá, me levantará, y que yo también estoy llamada a sostener, a levantar, a formar parte de su obra.

No puede dejar de resonar esta frase en mis oídos: Dios mi salvador, enaltece a los humildes. El restablecimiento del orden nuevo acorde con Dios tiene que ver con que nadie sobre la Tierra esté humillado, excluido, alejado… porque es cierto que prepara una mesa para todos, un gran festín en el que todos y todas somos sus invitados. Hoy quiero recordar a tantas, tantos, mujeres, hombres, niñas y niños que son los hambrientos del mundo, los que ansían pan, y no solo pan, sino libertad, y palabras de vida. Los tenemos cerca y lejos. Me siento llamada, de la mano de María, a no juzgar a tantas personas que buscan hoy una vida mejor.

¡Qué difícil es enaltecer a los humildes en nuestra vida! Fijarnos en la gente concreta que no tiene nada, que pertenece a los márgenes… personas sin hogar, personas que han sido atrapadas por la droga, mujeres que han sido esclavizadas con la prostitución… qué difícil es conocer su mundo, ponernos en su pellejo… eso sería enaltecerlos, al menos reconocer que son dignos, dignas, sin juzgarles.

 

 

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