Ha resucitado Cristo, mi esperanza

Ha resucitado Cristo, mi esperanza

Por: D. Cornelio Urtasun

¡Aleluya! La muerte y la vida riñeron importante duelo. El Caudillo de la Vida que resultó muerto, vuelve a reinar pletórico de Vida, pues acaba de resucitar.

Este es el eterno mensaje pascual que la Iglesia nos trae: que aquel en quien nosotros pusimos nuestra esperanza, no nos ha defraudado; que el un día muerto, reina y triunfa: en un triunfo que nunca nada ni nadie lo podrá arrebatar. Y ante esta figura del Resucitado no sabemos decir más que el canto de júbilo de nuestra victoria: ¡ALELUYA!, ALELUYA!

La muerte no ha podido con la Vida: con el que es nuestra Vida; las tinieblas con la Luz, con el que es nuestra Luz: ¡ALELUYA!

Miedos pasados ante la cruz de nuestra muerte ¿dónde habéis quedado? ¡Atrás! Muy atrás, ante nuestros ojos iluminados solo está Jesucristo Resucitado. Y nosotros también hemos resucitado con ÉL y en ÉL.

He invitado a los cielos y a la tierra a que se unieran a nuestro canto de júbilo y de victoria: he bendecido la noche bendita que tuvo la dicha de ser testigo fiel, del resurgir del Señor.

Feliz pecado que nos mereció un Redentor, ¡nada menos que el Verbo del Padre!

Y año tras año tiene el Señor la delicadeza de hacernos entristecer con su Pasión y alegrar con su Resurrección. Y así seguiremos, año tras año, camino de nuestra plenitud en Cristo.

Si esta realidad nos produce tanto gozo ¿cuál será la alegría, el consuelo que nos producirá cuando nos encontremos con Jesucristo, tal y como es, envuelto en el resplandor de su gloria? ¿Qué será aquella aparición de Cristo en persona? ¿Cómo será aquella aparición de Cristo que nos repite su inconfundible?:

¡“PAX VOBIS. Soy Yo; no tengáis miedo”!

Para unos antes, para otros después, ese encuentro vendrá. Esa Pascua sin fin será realidad. Nada ni nadie nos la podrá quitar. Nada ni nadie nos la podrá discutir. Eternamente felices, eternamente triunfantes, nuestros labios no conocerán más que un canto: ¡ALELUYA!.

Nos parecerá imposible tanto gozo por tan poco dolor, una dicha sin fin. El gozo de la Pascua que hoy vivimos, es una muestra insignificante, de lo que será nuestra Pascua definitiva. Y esta realidad ¡Cómo debe encender nuestro ánimo a la lucha presente!.

Ha resucitado Jesucristo nuestra esperanza. Y nosotros con Él y en Él, con una resurrección llamémosla “provisional”…. La definitiva no se hará esperar ¡ALELUYA, ALELUYA!.

Resucitados con Cristo: ¡Purificaos de toda la fermentación vieja y caminad por senderos de sinceridad y verdad!

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