Hechas por amor y con amor

Domingo XXIII T.O.

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala.

Hechas por amor y con amor

Domingo XXIII T.O.

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala.

 

HECHA POR AMOR Y CON AMOR

Ha sido una delicia en estas semanas del tiempo ordinario, recorrer de la mano del evangelista Mateo, el gran anuncio del REINO, razón de ser y objetivo principal del mensaje de Jesús, su gran pasión. Como pórtico: las bienaventuranzas y a continuación, todo el exigente discurso programático, los signos que lo acompañan manifestados en tantas curaciones, el desgranar de las parábolas para facilitar su comprensión.

Todo se desarrolla alrededor del lago de Galilea y en sus cercanías donde se agolpa la multitud. Mateo va intercalando al mismo tiempo otras enseñanzas y actividades que pertenecen a la misión de Jesús, como  por ejemplo: la elección de los “doce” entre los discípulos y discípulas. Quiere él ir formando y educando la primera comunidad de sus seguidores más cercanos. Y al caer la tarde, terminado su trabajo, los reúne y en animada conversación, les va  exhortando y aconsejando.

Toca este domingo reflexionar una de estas exhortaciones, importante y no fácil de llevar a cabo: la corrección fraterna, que Jesús aborda con toda serenidad. Como buen observador se da cuenta de que en el grupo van surgiendo problemas, pequeñas discusiones, ofensas más o menos grandes, envidias, etc. También actualmente nos ocurre; mientras seamos seres humanos frágiles y débiles existirán conflictos entre personas y en las comunidades. Lo importante es tener claro, siempre que lo que hay que enderezar es aquello que perjudica el testimonio que debemos dar como discípulos/as de Jesús, en definitiva, lo que afecta al Reino.

Jesús continuamente da criterios y en este caso también los propone: primero, hablar en particular, si no hay cambio, invitar a alguien más para que apoye y, finalmente, si se persiste en el error, que sea asunto comunitario. Según la primera lectura de hoy, solo el celo por la Palabra del Señor y el cumplimiento de su voluntad deben guiar el reorientar a la persona a quien se le percibe algún comportamiento incorrecto. Somos “centinelas”, cuidadores y cuidadoras del bien comunitario para que éste se refleje en nuestra vida personal y evangelizadora. Escribe el teólogo Bonhoeffer: “la corrección no puede ser evitada puesto que la Palabra de Dios la manda. Bien entendida es un servicio de misericordia y una oferta de comunión” (Vivir en comunidad -Ed. Sígueme-)

Con estas premisas ya vemos que la corrección fraterna es delicada y tiene su dinámica y sus condiciones. En primer lugar, puede y debe hacerse de manera individual, dentro de un clima de amistad y diálogo fraterno, haciéndole sentir a la persona que va a ser amonestada, que se busca su bien personal y el bien del grupo. Quien va a tomar la iniciativa de corregir tiene que disponer de suficientes datos que le permitan ser objetiva en su percepción, sin juzgar, por supuesto. Tiene que orar para que pueda discernir bajo la luz de la Ruah y para que su corazón se llene de sentimientos de humildad, ternura y misericordia. Hay que buscar el momento oportuno y acercarse “de puntillas” para proceder sabiendo que, de pronto, probablemente  no será bien recibida la corrección -pues casi siempre sorprende-. Será eficaz, sin duda, si se invita a la reflexión y contando con los buenos deseos de que todos y todas tenemos de ser mejores.

Todo esto vale también para la vida en grupo. La comunidad es el lugar donde se vive la fe, lugar de relación y de encuentro, de escucha y discernimiento de la Palabra de Dios. Lugar también de orientar lo que se desvía: es la brújula que nos ayuda a mirar siempre al norte, “al Reino y su justicia”. Aunque el grupo no suple nunca el trabajo personal, sí debe tener cuidado de las relaciones en su interior como hizo Jesús con cada uno de sus discípulos y discípulas que también le seguían. Y tal como finaliza el evangelio de hoy, Jesús está siempre “donde dos o tres están reunidos en su nombre”. Su Espíritu sugiere, aconseja, encauza. Los otros, las otras, son sus mediaciones.

Hecha así: POR AMOR Y CON AMOR, la corrección fraterna es un regalo de Dios, que da frutos personales de paz y libertad, contribuye a que las relaciones fraternas se consoliden y sea una realidad el sueño de Dios: su Reino de VIDA y de AMOR.

 

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