“Hoy Sigue Habiendo Profetas en mi Pueblo”

“Hoy Sigue Habiendo Profetas en mi Pueblo”

 

“Hoy Sigue Habiendo Profetas en mi Pueblo”
Domingo XIV TO.
Por: Victoria Cañas. Vita et Pax. Pamplona

Textos litúrgicos:

Ez 2,2-5
Sal 122
2Cor 12,7b-10
Mc 6, 1-6

La primera lectura de este Domingo nos dice que el espíritu hablaba a través del profeta y nos decía: “que también nosotros a pesar de nuestra filiación (pareciera que por ello nuestra humanidad y capacidad de transformación al estilo de Jesús debería hacerse más patente), somos de dura cerviz y de corazón obstinado y una vez más nos hace una llamada a la escucha”.

¿Qué es lo que hoy tenemos que escuchar?

Nadie es reconocido en su propia tierra, en el lugar donde a uno lo conocen, o por lo menos donde tienen alguna referencia importante. Es muy difícil predicar en el propio ámbito de pertenencia, sea éste el pueblo de origen, el país, el lugar de trabajo o la familia.

Jesús mismo se sintió despreciado, rechazado y ante sus actitudes y palabras sus vecinos se escandalizaban.

Venía a romper los esquemas de siempre, nos abría a la novedad del Reinado de su Padre que comienza y se va realizando aquí y ahora dentro de nuestra propia historia. No supieron reconocer a ese Jesús tan simple, tan sencillo, una persona que convivía entre ellos, hijo de un carpintero… ¿ese les iba a dar lecciones de vida?

Quizás hoy también a nosotros nos ocurra lo mismo, nos es difícil reconocer lo bueno del otro al que tenemos más cerca de nosotros, al que convive con nosotros, porque ya tenemos un esquema preconcebido de su persona y nos cerramos despreciándoles de algún modo o dando por supuesto que nada nos pueden aportar.

Apreciar los dones sobre todo en la gente más sencilla no entra en nuestros esquemas porque quizás hemos puesto la grandeza en lo extraordinario y somos incapaces de ver a través de esas personas al Dios cotidiano y sencillo que se manifiesta entre nosotros.

Otras veces, quizás nos molesta el abrirnos a lo nuevo que los otros nos presentan porque estamos acostumbrados a oír y a hacer siempre lo mismo y el hecho de abrirnos a la novedad nos complica la vida.

Es una llamada a afianzar nuestra fe en Dios y en los demás pues Dios se revela tanto en nuestra vida como en la de los demás. Y no esperemos manifestaciones extraordinarias, en lo cotidiano se le ve y comprende cuando nos dejamos interrogar y asombrar por las maravillas y gestos de humanidad que Él realiza en/y a través de todos nosotros.

Como a Ezequiel un hombre ordinario o Pablo una persona que experimentó la fuerza en su propia debilidad, que no dejemos de hacer el Bien por dudar de nosotros mismos o por falta de valor, “la fuerza de Jesús se revela en mi debilidad”.

 Como profetas tendríamos que tener la audacia de hablar claro y denunciar situaciones injustas, de ir por la vida descubriendo y realizando gestos de vida.

“Enséñanos Señor a no excluir ni rechazar a nadie, sino a escuchar y respetar como hijos tuyos a mis hermanos”

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