Jesucristo ha nacido, venid vamos a adorale

 Por: D. Cornelio Urtasun

Jesucristo ha nacido, venid vamos a adorarle

 Con estas palabras, tan viejas como nuestra era cristiana, se abre la celebración de este día santo. Y con la antigüedad nos viene a comunicar el acontecimiento, eternamente joven, del nuevo nacimiento de Jesucristo en medio de los hijos de los hombres.

SE HAN CUMPLIDO TODAS LAS COSAS

Después de haber celebrado el septenario de preparación inmediata para la venida del Señor, que conocemos por las Antífonas de la O, nos disponíamos a la celebración de la Misa Vigilia de Navidad, que se abría con una antífona sencilla y cargada de significado:

“He aquí que se han cumplido
todas las cosas que se habían anunciado
acerca de la Virgen María”

Así ha sido.
Después de cuatro semanas de suplicar al Señor, que viniera, que no se hiciera esperar, que apresurara el paso, que dispusiera Él mismo nuestros corazones, he aquí que se nos anuncia el gran misterio:

JESUCRISTO VOLVÍA A NACER
no solamente ENTRE LOS HOMBRES, sino
EN LOS HOMBRES, EN EL CORAZÓN DE CADA HOMBRE.

Este es el gran mensaje de Navidad, de cada Navidad. El anuncio estremecedor del Profeta Isaías,  hablándonos de un Dios con-nosotros, quedaba superado con la realidad de un Dios en-nosotros.

En la nueva creación de Jesucristo, inaugurada en su nacimiento, todo queda superado. En el alba del tiempo, en la primera creación, el hombre salió de las manos del Omnipotente: Amigo de Dios. En el comienzo del “nuevo tiempo”, el hombre recibe el poder de ser hijo de Dios, hermanos pequeño de aquel Hermano mayor que se llama Jesucristo.

No es extraño que San León Magno, en una de sus homilías sobre el Misterio de Navidad, clamara a los cristianos de todos los tiempos: ¡Reconoce, oh cristiano tu dignidad!. Hoy ha nacido Jesucristo.

El nacimiento de Jesucristo que celebra la Iglesia, ¿es un recuerdo?, ¿es una realidad?. Pregunta clave, porque de la respuesta que demos a la misma, depende un modo de vida, se abren horizontes inabarcables.

Entremos, de lleno, escuchando la respuesta de la Iglesia, en algunos de sus textos de la liturgia laudativa y sacrifical:

“El que era la Palabra sustancial del Padre, engendrado antes del tiempo
HOY  se ha despojado de su rango, haciéndose carne por nosotros”.
“HOY, por nosotros, se ha dignado nacer de la Virgen, el Rey de los cielos,
para restituir al hombre a los reinos celestiales.
Se alegran los Ángeles porque se ha mostrado la salvación al género humano”
“HOY  nos ha descendido del cielo la PAZ verdadera,
HOY, en todo el mundo los cielos destilan miel.
HOY, brilla para nosotros  el día de la redención nueva, largo tiempo esperada,
el día de la felicidad eterna”.

No cabe duda de que toda celebración de los Misterios de Jesucristo tiene un componente de recuerdo, de conmemoración de aquellos acontecimientos salvíficos que, por primera vez, tuvieron lugar en Nazaret, Belén, Jerusalén, etc.  Pero arrancando, con inmensa gratitud, desde el recuerdo de aquel primer eslabón de misericordias que suponen cada uno de los Misterios de Jesucristo, la Iglesia los actualiza, los revive, los re-presenta (como dice el P. Adrian Nocent), es decir, los hace nuevamente presentes y tiene lugar aquello que explicaba el Papa Pío XII en la inolvidable Encíclica “mediador Dei”:

… “Es Cristo mismo que persevera en su Iglesia y que prosigue aquel camino de inmensa misericordia que inició en esta vida mortal, cuando pasaba haciendo el bien, con el bondadosísimo fin de que las almas de los hombres se ponga en contacto con estos misterios, y por ellos, en cierto modo viva…”

En cuanto al Misterio de Navidad, que ahora comentamos, no hay más que leer, con amoroso sosiego, los elementos de la liturgia de la Misa del día de Navidad: HOY nos ha nacido de nuevo el SALVADOR…”

Ya sé que no basta leer los textos: hace falta penetrarlo, paladearlos, saborearlos, mirarlos en transparencia, como la Iglesia lo explica en la Post-Comunión de las Misas de la Aurora y de la Epifanía:

Señor: a los que  hemos celebrado con cristiana alegría
el nacimiento de tu Hijo,
c o n c é d e n o s
contemplar este Misterio,
y amarlo con amor cada vez más entrañable”.

Por otra parte, eso es lo bueno y hermoso:  que es el Señor el primer interesado en darnos, a todos y a cada uno, esa mirada clarividente, penetrante, que nos hace llegar hasta la médula misma del Misterio.

¿ES QUE PUEDE NACER DE NUEVO JESUCRISTO?

Es casi repetición, esta pregunta, de la que nos hacíamos en el comienzo del Adviento, cuando nos interrogábamos cómo era posible que Jesucristo volviera a venir, si Jesucristo ya e s t a b a.

Esta  pregunta, por otra parte, se parece a otra, la que Nicodemo le hizo a Jesús cuando le habló de que era precio “nacer de nuevo”. El discípulo captó al instante la trascendencia de la enseñanza del Maestro y  le puntualizó:  “¿Es que uno, cuando es viejo, puede volver a entrar en el seno de su madre”?

Yo he llegado a darme esta explicación: cuando Jesucristo nació por primera vez, de Santa María Virgen, por otra del Espíritu Santo, aquel nacimiento fue fruto de estos elementos:

–                                 Amor al Padre
–                                 Amor a la Obra del Padre Creador y comunicador de su bondad
–                                 Amor a la Obra de las Obras del Padre,  el  h o m b r e.
–                                 Misericordia inmensa hacia el hombre, cautivo de la vieja esclavitud, por el pecado.
–                                 Decisión de hacer nuevas todas las cosas.
–                                 Empeño de devolver al hombre su dignidad perdida, no solamente devolviéndole la

Amistad con Dios, sino haciéndole   hijo de Dios.

–                                 Disposición de llevar a cabo el designio salvífico del Padre respecto del hombre, designio manifestado en el momento mismo de la caída de nuestros primeros padres.

Todos esos elementos, quizá entre otros, llevaron a Jesucristo a bajar del cielo y a hacerse hombre entre los hombres, naciendo en el portal de Belén.

Cada año, ahora, cuando celebramos el Misterio de Navidad, Jesucristo reproduce en sí mismo y en el corazón de la Iglesia, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, los mismos sentimientos que hace veintiún siglos le empujaron a Belén. Hoy le empujan a derramar sobre toda la Iglesia todos los tesoros que supusieron para los hombres la aparición del Salvador entre Pastores y Magos.

Aquel Misterio del nacimiento tuvo un alma y una apariencia: la apariencia fue concreta y tangible, en el portal y casa de Belén. El alma la constituyeron todos los tesoros que el Padre derramó sobre la tierra, a la hora de nacer de una madre virgen, el Salvador del mundo.

PARA QUE NACE JESUCRISTO

Tanta gente piensa que Navidad es, o un intento de evadirse con miras a soñar en el paraíso perdido o,  a lo sumo, es una fecha hermosa en la cual los hombres parece que se ponen de acuerdo para intentar pensar en ser algo más buenos.  Y, para unos pocos, incluidos tantos creyentes, no hay diferencia grande en que la Navidad sea realidad o recuerdo. La hay grande:

La Iglesia, al adentrarnos en la celebración del nuevo Nacimiento de Jesucristo, no piensa que nos invita a entrar en el paraíso perdido;  tampoco nos da un billete de entrada en un museo de arte que coleccione  obras  portentosas; ni en el museo de recuerdos históricos.  Nos lleva, amorosamente, a la Escuela del seguimiento del Señor, a la Universidad de la Santidad  cristiana,  al Instituto de Experimentación del Espíritu de las Bienaventuranzas. Sencillamente: nos pone en contacto directo y personal con Jesucristo, que organiza cada año cursos intensivos de vida evangélica para que VIVAMOS DE SU VIDA, como EL VIVE DE LA DE SU PADRE.

DOS PREGUNTAS AL TERMINAR

  1. ¿Cómo se explica que no faltan quienes piensan que la Iglesia, en sus oraciones no pisa tierra, no se compromete…?
  2. Y ¿cómo se explica que la Navidad, entre cristianos, se manifieste más por la abundancia de comidas,  de regalos…  que por una intensificación de la santidad de vida, de la santidad de nuestras vidas, que refleje la santidad de Aquel que ha nacido y VIVE en nosotros, para que VIVAMOS  de EL?
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