La Ascensión del Señor

La Ascensión del Señor

Por: D. Cornelio Urtasun

 “Os conviene que me vaya”, les ha dicho el Señor a los suyos y un rayo de tristeza cruza rápido por la mente y el corazón de los Apóstoles.

Siempre que ha hecho alusión el Maestro a su separación, ha encontrado en los suyos incomprensión. Es que a pesar de sus pequeñeces, ¡estaban tan bien con su Maestro! Tenía tantos encantos para ellos su persona sencilla y sublime, con su mirada dulce y penetrante, aquel Maestro bueno, el único bueno, pues era Dios y sólo Dios es bueno.

Pero su presencia corporal era un obstáculo para que fuesen revestidos de la virtud de lo alto. Y las palabras son taxativas: “Os conviene que yo me vaya”. Pero añade: “… No se turbe vuestro corazón; yo rogaré por vosotros a mi Padre y El os enviará otro Abogado, el Espíritu Santo. Os conviene que yo me vaya, pues si no, no vendrá el Consolador”.

Ha llegado la hora de la separación. La fe de los suyos ha quedado robustecida en las diversas apariciones del Señor.

La despedida es sencilla. Comiendo con ellos les ha dado sus últimos consejos…, en un marco de  franca intimidad, como todas las del Señor: los bendijo y se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube le encubrió a sus ojos.

El último recuerdo de Jesús en la noche misteriosa de la Pasión fue su Eucaristía. ¡Dios es amor! Y ahora deja a los suyos, su recomendación: la promesa del Espíritu Santo, para que se preparen a  recibirlo.

Jesucristo ha triunfado y va a recibir la gloria y exaltación debidas a sus trabajos. Él es la Cabeza, nosotros los miembros; donde está El, allí tenemos que estar nosotros.

“Jesucristo resucitado de entre los  muertos, ya no muere…  sino que siempre vive para interceder por nosotros…”.  Tenemos un Abogado ante el Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo…  Nuestros derechos están puestos a salvo.

Esta es una historia y una perenne realidad. Jesucristo va a su Padre, que también es nuestro Padre, sube hoy a los cielos. ¡Sursum corda! ¡Arriba nuestros corazones!  El es el Primogénito entre muchos hermanos…   Y le pedimos:

Envíanos el Espíritu Santo en la medida y forma que Tú dispongas

¡Ven, Espíritu de Amor!

 

 

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