La cruz es signo de victoria

24º Domingo del T.O. La exaltación de la Santa Cruz

Por: Pedro Fraile.Tarazona

La cruz es patíbulo

Sería un grave error dulcificar la cruz quitándole todo su aspecto trágico. La cruz no es un juego de personas enfermas, ni un signo blando, ni una joya decorativa. La cruz es cruel porque es muy violenta, porque es sanguinaria y porque es patíbulo de condena.

Por extensión, la cruz representa todas las situaciones invivibles e insoportables del ser humano: enfermedades crueles, violencias inimaginables, pobrezas deshumanizadoras. Con la cruz no se puede jugar.

La cruz es signo de victoria

Ahí reside la gran paradoja cristiana. ¿Cómo es posible que hayamos convertido el patíbulo de un condenado a ser signo de victoria? Por extraño que parezca, sin embargo, la fe cristiana no va desencaminada. La fe cristiana solo se puede comprender desde la paradoja, no desde la videncia y uniformidad de sentido. La cruz es signo de victoria, porque es una cruz habitada

por aquel que ha amado hasta el extremo, transformando la violencia de la cruz en un símbolo de amor universal y gratuito. Es signo de victoria porque la cruz no es el punto final a la iolencia

que sufre Jesús, sino una puerta que se abre a la vida plena en la resurrección.

No es la victoria que humilla, sino la victoria en la que beben su esperanza los que más lo necesitan: las víctimas de este mundo. La cruz no invita al victimismo, ni propaga una vida humillada, sometida, reducida. Solo los que entran por la vía del amor, comprenden que la vida entregada, incluso por aquellos que no te aprecian o que no te conocen, es el único camino que lleva a la victoria: la victoria que humaniza y que reconcilia. Con los hombres y con Dios.

La cruz es signo de salvación

¿Por qué celebrar una fiesta dedicada a la cruz? Porque no exaltamos a los verdugos, ni a los violentos, ni a los crueles. Porque nos ponemos al lado de las víctimas, como lo hizo Jesús. Es

más, Jesús no solo se puso «al lado de las víctimas», sino que Él mismo fue una víctima. Jesús de esta forma abre un camino nuevo para adentrarse en el misterio del corazón y del sentido humano: la vida entregada es la única que puede salvar. Jesús no tomó los caminos usuales (gestión de poder, control de masas, decisiones vinculantes…) sino que fue víctima que perdona a sus verdugos, víctima coherente hasta el final de su vida, víctima que rompe la espiral de la violencia

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