La Cuaresma de Aylan

lunes, febrero 15th, 2016

2º Domingo de Cuaresma, Ciclo C

Por: José Luis TerolProfesor de Filosofía (Zaragoza)

El Apóstol Pablo tiene el coraje de ofrecerse como modelo y pedirles a los cristianos de Filipos que sigan su ejemplo. ¿Podrían seguir nuestro ejemplo los hombres y mujeres de nuestro tiempo, viéndose abocados a un encuentro personal con el Cristo?

El Apóstol está sufriendo por la situación que está viviendo la comunidad hasta el punto de que, con lágrimas en los ojos, denuncia y alerta contra “muchos que andan como enemigos de la cruz de Cristo”. Con toda probabilidad nuestro testimonio cristiano tienda a ser gris y anodino, de manera que difícilmente transparentemos al Cristo, pero, de ahí a “andar como enemigos de la cruz de Cristo” parece haber un trecho.

En este segundo Domingo de Cuaresma no olvidemos que estos cuarenta días son fundamentalmente un “tiempo de gracia y desestabilización” que busca que podamos volver a escuchar en lo más hondo de nosotros al transfigurado, al Hijo escogido.

El génesis nos relata la emigración de Abrán, la búsqueda de una tierra que se convierte en centro de una alianza futura. ¿Quiénes son en el presente los que salen de su tierra, como Abrán? ¿Qué decir de los cientos de miles de refugiados sirios que llevan meses a las puertas de la Europa cristiana y de todos los desplazados del mundo?

¿Conocerán al Cristo a través de nuestro testimonio de sociedades europeas de profundas raíces cristianas? ¿Qué podrán sentir  y pensar estos ciudadanos –mayoritariamente musulmanes- de las políticas de Estados Unidos y de Rusia, países con una presencia muy significativa y potente de diferentes iglesias cristianas?

¿No sería el cadáver de Aylan –y todos los aylanes del mundo- una nueva versión menos complaciente del relato de la transfiguración? ¿Cómo salir del terrorífico silencio que estamos viviendo ante estos nuevos crucificados  para escuchar al Hijo elegido?

Este tiempo de gracia y oportunidad no va de reflexiones políticas sino de  purificación de nuestro corazón que nos permita oír la voz del Hijo amado y discernir tantas voces que nos distorsionan y nos pueden convertir “involuntariamente” en enemigos de la cruz de Cristo que se muestra en el silencio del frágil cadáver de Aylan y de todas las victimas que reclaman nuestra conversión.

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