La herencia de Jesús

martes, julio 5th, 2016

Domingo  XV  T. O.  Ciclo C

Por: Dina Martínez. Vita et Pax. Madrid.

Las lecturas de este domingo XV del tiempo ordinario, dan una respuesta clara y profunda a muchos problemas que vivimos en la actualidad.

El Dt 30, 10-14 nos dice, entre otras cosas, que lo que Dios nos pide para caminar hacia la plenitud y ser felices no es algo inalcanzable: “El mandamiento está muy cerca de ti, en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas”. Todo el texto encuentra una gran sintonía con en el evangelio de hoy.

El texto de Lc 10, 25-37, parece que está escrito para iluminar el momento que estamos viviendo con la diferencia de que este pasaje nos habla de un hombre que cayó en manos de unos bandidos y hoy son cientos de miles, los hombres, mujeres y niños que caen, cada día, en manos de los bandidos.

El encargo de Jesús sigue siendo el mismo: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Esta es la herencia que Jesús ha dejado a la humanidad. Para comprender la revolución que quiere introducir en la historia, hemos de leer con atención su relato del “buen samaritano”. En él se nos describe la actitud que hemos de promover, más allá de nuestras creencias y posiciones ideológicas o religiosas, para construir un mundo más humano.

En la cuneta de un camino solitario yace un ser humano, robado, agredido, despojado de todo, medio muerto, abandonado a su suerte. En este herido sin nombre y sin patria resume Jesús la situación de tantas víctimas inocentes maltratadas injustamente y abandonadas en las cunetas de tantos caminos de la historia. Hoy, podríamos describir la situación con términos más concretos. En las fronteras que separan el mundo de los ricos y de los pobres, hay miles de seres humanos, robados, agredidos, violados, despojados; muchos ya han muerto y yacen en el fondo del mar y otros siguen luchando para seguir adelante.

En el horizonte aparecen dos viajeros: primero un sacerdote, luego un levita. Los dos pertenecen al mundo respetado de la religión oficial de Jerusalén. Los dos actúan de manera idéntica: “ven al herido, dan un rodeo y pasan de largo”. Los dos cierran sus ojos y su corazón, aquel hombre no existe para ellos, pasan sin detenerse. Esta es la crítica radical de Jesús a toda religión incapaz de generar en sus miembros un corazón compasivo. ¿Qué sentido tiene una religión tan poco humana? Este párrafo también lo podemos actualizar poniendo nombres concretos a los actores de nuestro tiempo, pero aquí dejo que cada uno/a haga su propia reflexión.

Por el camino viene un tercer personaje. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece a la religión del Templo. Sin embargo, al llegar, “ve al herido, se conmueve y se acerca”. Luego, hace por aquel desconocido todo lo que puede para rescatarlo con vida y restaurar su dignidad. Esta es la dinámica que Jesús ha introducido en el mundo y gracias a ella, la vida sigue siendo posible.

Lo primero que tenemos que hacer es no cerrar los ojos. Saber “mirar” de manera atenta y responsable al que sufre. Esta mirada puede despertar en nosotros la compasión” y dejar que su sufrimiento nos duela también a nosotros. Lo importante es reaccionar y “acercarnos” al que sufre, no para preguntarnos si tengo o no alguna obligación de ayudarle, sino para descubrir de cerca que es un ser necesitado y que cuando ayudo al otro, yo estoy creciendo en plenitud y en felicidad y es nuestra actuación concreta nos revelará nuestra calidad humana.

Todo esto no es teoría. El samaritano del relato no se siente obligado a cumplir un determinado código religioso o moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos prácticos orientados a aliviar su sufrimiento y restaurar su vida y su dignidad y al mismo tiempo está respondiendo a su sed interior de misericordia y de compasión. Jesús concluye con estas palabras. “Vete y haz tú lo mismo”.

Son mucha/os la/os que están respondiendo con manos abiertas y tendidas: haciendo un hueco en su casa, esperando en la orilla para curar heridas de piel y de corazón, para cubrir con mantas de calor y de protección…

Es mucha la gente que lucha por la VIDA de quienes ya no tienen fuerza para luchar: ONGs que hacen visible lo invisible, asociaciones y movimientos que ponen voz a los que no la tienen, una Iglesia, desde sus múltiples formas (Cáritas, Cónfer…), que acompaña y busca respuesta a tanta situaciones difíciles.

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