La normalidad nueva de Jesús

La normalidad nueva de Jesús

Por: Milagros Azparren. Vita et Pax. Pamplona

A mediados del mes de febrero enviaba el retiro de Cuaresma. El envío lo acompañaba con este deseo: “…nos preparamos para la celebración de la Pascua. Fiesta que da sentido a nuestra vida, fiesta en la que hacemos memoria de la entrega de Jesús. Hasta el extremo. Y nos enseñó a vivir. Jesús, grano de trigo que da la vida para que vivamos de Él, por Él, para Él; en el corazón del mundo, desde el bullicio de la plaza del pueblo”.

Pronto la pandemia, nos mandó al “rincón de pensar”. Han sido unas celebraciones distintas, en unas condiciones muy especiales. Tiempo propicio para ahondar en la vivencia de la fe y en el que hemos redescubierto, nuestra vulnerabilidad y el sentimiento de dependencia. Agradecimiento a los sanitarios, celadores, personal de limpieza, panaderos, cajeras, barrenderos, empleadas en casas, cocineras, transportistas, cuidadoras…, en este momento de incertidumbre, los trabajos más invisibilizados han sido el soporte social. Que Dios les bendiga, que sean reconocidos sus derechos y mejoras laborales.

Para nuestra espiritualidad secular no hay confinamiento que valga. Allá donde estamos, está el mundo y todas sus realidades, gozosas y dolorosas. Una oportunidad más, para fortalecer en nosotras “…activas en la contemplación y contemplativas en la acción” (Art. 17 Estatutos). Tiempo de fortalecer la mística que sostiene nuestra vida. Jesús eucaristía. Así podemos hacer de cada día, todo él, eucaristía. Que la puesta del sol no nos sorprenda sin haber perdonado y pedido perdón, evocado la presencia real de Jesús entre nosotras, el crucificado viviente, recordando su palabra, comiendo y bebiendo, simplemente, con televisión o sin ella de por medio: la eucaristía que Jesús practicó cada vez que comía con la gente y encarnaba el reino de la liberación y de la comunión.

Comunión que en este momento crítico queremos hacer presente y fortalecer con las compañeras en Guatemala, Ruanda, Brasil. Países donde más se siente y sufre los efectos de nuestro egoísmo, insolidaridad, consumismo. Y los efectos del sistema neoliberal que mata, como dice repetidas veces el Papa Francisco. Gracias por vuestra presencia en esos países, por vuestra generosidad.

Ya está cerca la celebración de Pentecostés. Que el Espíritu fortalezca nuestro caminar de creyentes. Que, la “brisa en las horas de fuego y el gozo que enjuga las lágrimas”, acompañe nuestras búsquedas y nuestra transformación personal, eclesial, social, en esta hora en que la pandemia ha cuestionado de raíz nuestro sistema de vida “normal”. Aguardamos y nos empeñamos en crear la normalidad nueva de Jesús: la Fraternidad.

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