“La presencia y novedad de Jesús
que celebramos día a día”
II Domingo de Navidad
Por:Mª Jesús Laveda. Vita et Pax. Guatemala.

“La presencia y novedad de Jesús
que celebramos día a día”
II Domingo de Navidad
Por:Mª Jesús Laveda. Vita et Pax. Guatemala.

 

Textos Litúrgicos:
Eclo 24,1-2.8-12
Sal 147
Ef 1,3-6.15-18
Jn 1,1-18

Celebramos hoy el segundo domingo de Navidad. Es tan grande la alegría, el misterio y la profundidad de lo que ha significado la encarnación de Dios en Jesús, que necesitamos celebrarla repetidas veces. Hoy, por segunda vez. De este modo vamos ahondando en su significado.

La Palabra hoy nos habla del Plan de Dios desde el principio de los principios… es decir, que en el corazón del Padre, ya existía este sueño de amor, de salvación y presencia continua suya, entre nosotras/os. Y qué mejor que por medio de la vida y palabra  de su propio Hijo, Jesús.

Dios, Padre y Madre previsor, fue preparando este encuentro desde siempre. Y lo fue trabajando desde los inicios de la creación, porque todo fue hecho por y con la Palabra de Sabiduría. Nada se hizo sin ella.

Dios pone a tope su energía, su corazón y lo mejor que tiene, su Hijo, para este plan de salvación. Sin embargo, no fue acogido. A pesar de estar el mundo en tinieblas, no supimos ver la luz que llegaba a nosotras/os, las/os suyas/os, y  no lo recibimos.

Hubo un hombre que intuyó algo de la verdad de Dios. Y lo proclamó con su vida y su palabra. No era él la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz. Juan cumplió su tarea y en ello le fue la vida.

Cada año es una nueva invitación a descubrir y reconocer el amor del Padre-Madre manifestado en Jesús, que viene a hacer nuevas todas las cosas. Y cada vez que eso ocurre, se hace presente y viva la Navidad, la encarnación del amor y la ternura de Dios. ¿Será que este año estamos más abiertos a descubrir esa luz que nos puede cambiar la vida?

Hoy, en medio de esta pandemia dolorosa que nos ha traído, y nos sigue trayendo, sufrimiento, muerte, pobreza, -también corrupción, violencia, exclusión-, ¿sentimos más la necesidad de la venida de Jesús, que nos ofrece la verdad de la humanidad misma y su significado pleno? ¿Será que queremos cambiar nuestra realidad cuando decimos que ya nada va a ser igual después de esta experiencia vivida en este año 2020? Porque lo que vemos a nuestro alrededor apaga su luz y su palabra de fraternidad y solidaridad.

Vemos anuncios tan luminosos anunciando la Navidad que nos ciegan los ojos y nos cierran el corazón a la verdad de la llegada de Jesús. El consumo y los regalos nos llenan las manos y no nos permiten alargarlas hacia los demás, los que nos necesitan, los que las tienen vacías porque quedaron atrás, sin trabajo, enfermos, desnutridos, excluidos de la fiesta del banquete del Reino.

¿Dónde queda la alegría de la presencia de Jesús entre nosotras/os que llega a nuestras vidas y quiere quedarse en cada corazón humano para que ese proyecto de Dios, desde los comienzos de la creación pueda seguir adelante?

Esta es la pedagogía de Dios. Cada año, un nuevo intento. Una vez más el precursor con su voz anunciando su venida, para que estemos atentas/os a esta encarnación de Dios en Jesús, para que no se nos escape la luz que va a iluminar nuestras tinieblas, nuestras debilidades, para que nuestra alegría esté completa.

Y lo que es más importante: A Dios nadie lo ha visto, solo Jesús que vive en el Padre en su más íntima unión, nos puede hablar de Él y nos permite llegar a conocerlo. Esto es la Navidad: Dios con nosotras/os, dando sentido a nuestra plena humanidad, la de todas y todos, en la encarnación de Jesús de Nazaret, nuestro hermano mayor, amigo y compañero de andadura human

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