La urgencia del Reino

Domingo 13º del T.O. Ciclo C

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

A las personas que nos decimos ser seguidoras de Jesús nos tiene que apremiar la tarea del Reino, es su Proyecto y el nuestro. A él ha consagrado su vida. Y esa tarea no puede esperar.

Jesús, a pesar de  que va intuyendo que se aproxima su momento más difícil, decide ir a Jerusalén y se encuentra con que, al saber suImagen2 decisión, muchos no quieren recibirlo  en su casa.

El miedo a las consecuencias de acogerle les paraliza.Desde la propia libertad, Jesús no renuncia a su tarea y los demás prefieren no involucrarse.

Seguir a Jesús y acoger su proyecto implica libertad interior y certeza en la misión.

Ante la propuesta del seguimiento respondemos de muchas maneras:

_Te seguiré a donde vayas… tomamos la iniciativa, pero sin medir las consecuencias. Jesús nos hace tomar conciencia: “para esto hay que ser muy libres. No encontraremos seguridades, ni soluciones inmediatas, ni éxitos que arrastren a muchos a caminar con nosotras/os. “el hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza…”

_Déjame primero ir a enterrar a mi padre… Buscamos razones legítimas para demorar el compromiso de seguirle, justificaciones. Pero el Reino no puede esperar. “deja que los muertos entierren a sus muertos”. Cuántas personas viven una fe muerta, que solo responde a tradiciones y costumbres que hoy no dan vida ni respuesta a las inquietudes y necesidades de nuestro mundo. Una Iglesia que vive centrada en el pasado, manteniendo posturas que, más que vida, provocan tristeza e inmovilidad en nuestras comunidades, quedándose en lo de siempre, no permite novedad y respuesta de Reino.

_Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia… Ir a mi ritmo, hacer las cosas a mi modo. Y Jesús responde con premura. Llegan tiempos nuevos. El Reino no puede esperar. Implica otro modo de estar presente y ponerse en camino sin seguridades. “El que echa la mirada al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. Nuestro mundo está convulsionado, su carta de presentación es la muerte, la violencia, la pobreza, desigualdad, el sufrimiento injusto de tantas personas. Problemas candentes como la migración, la violación de derechos especialmente de mujeres y niños, la corrupción que traspasa instituciones, organismos, personas. El Reino no puede esperar. No podemos estar mirando para atrás, nuestros propios planteamientos y modos de entender, en nuestras seguridades, a merced de nuestros miedos. Hay que ponerse en camino.

Seguir a Jesús, es estar disponibles, libres con la libertad que nos Imagen1propone Jesús, libres para el servicio, la nación, el trabajo de cada día que permita construir y llevar adelante ese sueño de Dios de una familia de iguales. Desprovistos de seguridades, al aire del Espíritu.

Seguir a Jesús implica estar siempre en camino, abriendo oportunidades de una vida más humana y de una paz más entrañable.

Seguir a Jesús es mirar siempre hacia adelante. Con novedad constante, con esperanza renovada, con ilusión en la única certeza de que otro mundo es posible. Y no solo posible, sino necesario: De ahí la urgencia de nuestra tarea como  seguidoras/es de Él.

Pero cómo nos cuesta dejar lo de siempre, el  vivir en la comodidad de lo que siempre se ha hecho; cómo nos cuesta acoger la novedad que implica arriesgarse a romper esquemas. Para eso hay que aprender a vivir en la libertad de ser para los demás por encima de nosotras/os mismas/os.

Hoy Jesús nos invita a seguirle. Nuestro mundo necesita una respuesta positiva. ¿Cuál va a ser nuestra actitud?

Buscar justificaciones… o seguirle sin echar mano al arado mirando atrás. En ello nos jugamos la vida y el Reinado de D**s entre nosotras/os.

 

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