Los ojos y el corazón abiertos

Los ojos y el corazón abiertos

Domingo IV de Cuaresma. Ciclo A.

Por: Rosamary González. Vita et Pax. Tafalla (Navarra)

En este domingo de Cuaresma la liturgia nos habla de luz-oscuridad, ceguera-visión, día-noche. Las tres lecturas nos dan pistas de cómo tenemos que obrar ante los diferentes acontecimientos que vivimos. En el libro de Samuel el Señor nos señala una manera de mirar: “No te fijes en su apariencia ni en lo elevado de su estatura… No se trata de lo que vea el hombre. Pues el hombre mira a los ojos, más el Señor mira el corazón”. En la lectura de S. Pablo nos anima a vivir como hijos e hijas de la luz porque ahora somos luz por el Señor. “Pues toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz”. Y nos anima a la acción: “Buscad lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.”

El Señor nos sale hoy al encuentro y nos anima a vivir en la luz con los ojos y el corazón bien abiertos para que  nuestras actuaciones sean pequeños reflejos de Su luz.

En la manera de entender la vida podemos actuar desde la luz o desde la oscuridad. Primero, quitando esas zonas oscuras que nos mantienen en tinieblas porque nos permiten vivir acomodadas e instaladas en un cierto confort.

Tenemos claro cómo Jesús acogía, escuchaba, salía al encuentro de quien le necesitaba, y denunciaba porque tenía autoridad. Esa autoridad que le venía de su Padre la ejercía desde la bondad y la justicia.

En la audiencia que el Papa francisco tuvo con la Asociación Pro Petri, les dijo cuáles eran las urgencias del mundo: “Poner fin a la explotación de los más pobres”. Una frase tan corta encierra una misión aparentemente imposible. A través de los siglos ha habido y hay tantos tipos de explotación de los más pobres, que a veces resulta más fácil taparse los ojos para no ver lo que nos rodea si nos va a crear muchas dificultades.

El relato del evangelio nos da una pista clara de cómo Jesús actuaba en la vida corriente ayudando a los más pobres. No solo curaba físicamente, sino que recibían la fuerza para alcanzar su dignidad: cura al ciego, se salta la ley para curar. El ciego responde con valentía ante las preguntas que le hacen sobre su identidad: “Soy yo”. Se enfrenta a los judíos preguntándoles si también ellos querían hacerse discípulos de Jesús, y, lo más importante, a la pregunta de Jesús de si creía en el Hijo del hombre y después de la aclaración de Jesús, él le responde: “Creo Señor”. De pobre de solemnidad, de marginado, el ciego va haciendo su camino hasta llegar a una afirmación de fe. La luz que recobra con la vista es importante pero mucho más la fuerza del Espíritu que le da esa luz.

Hoy estamos llamadas también a denunciar situaciones de injusticia, a veces bien sencillas y cercanas a la vida cotidiana: mujeres y hombres sin horizonte, sin trabajo, sin papeles…  Conocemos muchos casos de explotación y siempre podremos hacer algo. A través de los medios de información y en nuestros barrios, sabemos casos de gente que no puede pagar su hipoteca y se ven obligadas a dejar sus casas. Saco a la luz un ejemplo que le ha tocado vivir a una persona cercana y que ilustra la manera de actuar de las Entidades Bancarias y cómo viven amenazadas tantas y tantas personas. La cita que pongo a continuación no es inventada, tengo la fotocopia en mi poder y está enviada a una persona que durante cinco años jamás ha dejado de pagar un céntimo ni de la hipoteca, ni del seguro de vida que les obligan a hacer, ni de nada. Por una necesidad, quedó la cuenta a 0 y faltaban 30€ para cubrir todos los gastos. Pronto recibió una carta del banco que decía: “Nos permitimos recordarle que, hasta la fecha, no se ha satisfecho el importe del recibo vencido del préstamo que se especifica al pie ( 29,73€) …….Le informamos que de mantenerse el impago, los datos relativos al mismo podrán ser comunicados a ficheros de cumplimiento o incumplimiento de obligaciones dinerarias etc, etc”.

Es fácil imaginar el susto que se llevó temiendo las consecuencias que le podían llegar. La pregunta que nosotras y nosotros podemos hacernos es ¿cómo luchar ante todos los bancos que deben millones y millones de euros a todos los contribuyentes? ¿Qué  lectura tenemos que hacer cuando nos informan cada año de las ganancias que tienen? ¿Han pagado la deuda que tienen contraída? ¿Cómo pueden seguir amedrentando a quienes tienen lo justo para vivir?

¿Cómo reaccionaría hoy Jesús ante estas injusticias? Seguro que las sacaría a la luz, que las denunciaría, que se enfrentaría a los poderosos. Tenemos un ejemplo bien claro de su actuación en Mt 17, 23-33. Cuando habla del perdón de las ofensas.

Tenemos tarea para vivir en la Luz, en la VERDAD, en la JUSTICIA y en la BONDAD.

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