Mi mejor vino

Por: Isabel Sanjuán. Vita et Pax. Madrid.

Qué hago y cómo estoy. Estamos en Madrid, en el barrio de Campamento: María Luz y yo, Isabel. Somos distintas totalmente. Recuerdo muchas veces las palabras que me repetía una compañera: “Ten en cuenta Isabel, que cuando tú piensas que es blanco yo estoy pensando que es negro”. Así llegamos a formar un bello cuadro en blanco y negro porque por encima de todo nos queríamos. Eso mismo pretendo ahora y creo que lo pretendemos las dos, nos esforzamos y procuramos respetarnos y aceptarnos mutuamente, con la ventaja de que nos conocemos y queremos. A pesar de nuestras pequeñas y grandes diferencias ahí estamos, haciendo filigranas de encaje y creo que muchas veces nos sale bien y logramos vivir a gusto.

En la Parroquia. Para las que no la conocéis, deciros que en los 82 años que tengo, nunca he conocido una Parroquia con tantas actividades y vida como ésta, ni tanta gente comprometida. Solo en Cáritas, tenemos: el Centro de Acogida, que atendemos dos días por semana; el Proyecto de comida caliente, donde se distribuye todos los días a las 3 de la tarde comida a unas 15 familias; el Centro de mayores, que funciona por las tardes; el Proyecto de Menores, con 35 chavales que reciben apoyo escolar y acompañamiento a las familias; el SOIE o Servicio de Orientación e Información para el Empleo y un Aula de Informática, con 11 ordenadores que se emplea por las mañanas para clases a personas mayores, por las tardes para niños y por las noches para emigrantes. Colaboran un total de 62 voluntarios y voluntarias.

Es una Parroquia viva, comprometida, se nota el paso de muchos párrocos con una gran sensibilidad social y pastoral que le dieron vida y han mantenido, no solo una continuidad sino que ha ido en aumento, esto es una suerte, se palpa una Iglesia viva y comprometida. En ella colaboramos las dos.

Yo dedico casi todas las tardes, unos días a Cáritas, a Vida Ascendente o a visitas; pero voy dejando cosas, sobre todo de responsabilidad y ocupando el puesto de tapa agujeros. Por ejemplo, en Cáritas asisto a las reuniones semanales, estoy al corriente de todo y cuando en acogida o reparto de comidas, alguna no puede, la suplo yo. Somos 10 en el equipo. Hay cuatro mujeres jóvenes y un chico que se han incorporado a la acogida y lo han informatizado todo. Da gusto lo bien que funciona. Me siento muy a gusto con ellas. Tenemos dos días semanales de acogida y uno de reparto de comida. Yo me ocupo de las visitas y de tres personas que acompaño y atiendo personalmente. Una familia de Colombia, una marroquí y un polaco.

Un trabajo muy bonito que hemos comenzado recientemente, y para el que nos hemos formado en el centro de los religiosos Camilos un equipo de 8 personas con una psicóloga, es un Centro de Escucha. Este consiste en un servicio especializado en la atención individual a personas que sufren o atraviesan situaciones de crisis como la separación de parejas, la enfermedad o pérdida de un ser querido. Es delicado y comprometido, pero es precioso.

Este Centro surgió al comprobar en la acogida de Cáritas la necesidad que tienen las personas de ser escuchadas. Esta situación nos bloqueaba muchísimo la acogida, terminando la mayoría de los días a las 10 de la noche, porque necesitaban hablar tanto como comer.

Es un trabajo difícil el saber escuchar, estamos revisándonos continuamente con la ayuda de la psicóloga, para ver nuestros fallos y aprender a tener una escucha activa.

Este  curso tuvimos la Misión en tres Parroquias, llevada por los padres Redentoristas. La recibimos de “uñas”. Recordábamos todos las Misiones de nuestros pueblos. Pero nada que ver. Nos visitamos todo el barrio, casa por casa y hubo de todo, unos nos recibían bien otros indiferentes y otros mal, pero el éxito fueron las Asambleas Familiares que nos reuníamos en las casas todos los días durante una semana. Nuestra casa se abrió a una de ellas. Estos grupos seguirán  reuniéndose este curso con unos temas comunes y un encuentro trimestral en la Parroquia. Se ha ensanchado a gente nueva y ha sido muy hermoso.

Otra cosa muy importante para mí, son las clases de Tai Chi que doy en la Parroquia, dos días por semana. Están matriculadas 42 mujeres, aunque es una suerte que muchas fallen porque no cabemos. Disfruto muchísimo y creo que ellas también. Después de una hora de estiramientos y Tai Chi, hacemos un rato de meditación dirigida y terminamos con un pequeño coloquio, que muchas veces es lo más sabroso. Cuando tengo dificultad en la rodilla o en el pie, llamo a Mª Carmen Vilaplana, que algunas conocéis que es profesora de Tai-Chi y mi maestra en Gi- Gong.

Por las mañanas también tengo la suerte de disfrutar cuatro días a la semana de un baño en la piscina.

En el verano comparto con los minusválidos que vienen a disfrutar de la playa de Cullera. Son unos testimonios de entrega, por parte de los familiares que te descubres ante ellos y el ambiente que se crea de fraternidad precioso. Recibo muchísimo de todos ellos.

Después de mostraros toda esta panorámica en la que estoy inmersa ya podéis deducir cómo estoy viviendo esta última etapa de mi vida. Es todo un regalo que me llena de gratitud.  Me siento plenamente feliz aportando mi pequeño granito de arena. Sintiendo que Dios me ama a través de la gente y me da la ocasión de poderle manifestar mi cariño, ocupándome de sus preferidos, en los que se identifica: Tuve hambre y me diste de comer, enfermo… etc.

Es un privilegio poder hacer este pequeño servicio y lo hago con gozo y gratitud, como dice el salmo: “Servid al Señor con alegría” y eso es lo que quiero, servirle con alegría, con paz y con sosiego.

Por todo esto me siento afortunada, saboreando el mejor vino al final de mi vida.

 

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