No caminamos solos

No caminamos solos

3º Domingo de Cuaresma, Ciclo C

Por: Teresa Miñana. Vita et Pax. Valencia

Leo y releo las lecturas correspondientes a este domingo de Cuaresma y parece que están elegidas especialmente para el tiempo que vivimos, aunque también hay que subrayar que no es nuevo que nuestro Dios y Padre esté constantemente atento a las necesidades de sus hijos para conocer los sufrimientos y la opresión que soportan y reciben de los malhechores.

Sí, muchas personas sufren a consecuencia de los agentes de la naturaleza, por tener que dejar sus casas, sus pueblos por las guerras, por no poder alimentar a sus hijos, por no tener trabajo… Pero Yahvé, El que Es, ya ha cumplido su palabra, en la PALABRA. Jesús, el Señor, el Cristo nos ha rescatado, ha muerto y resucitado por cada uno de nosotros  y nos permite ir a una tierra fértil que mana leche y miel.

Pero, hoy, en ese camino hacia la tierra prometida, somos nosotros, todos los hermanos, quienes tenemos que caminar juntos, apoyándonos, sosteniéndonos, mano con mano, de manera solidaria para que a nadie le falte el pan. Porque verdaderamente pan hay para todos, si hay un buen reparto.

En el texto del Éxodo, Dios se hace presente como el absolutamente otro, como el liberador, como el que después dará la Ley que también es liberadora: “la ley del Señor es perfecta, es descanso del alma”, dice el salmo.

Pero la liberación total, esencial, será la conversión al Señor: ponernos en sus manos libre y confiadamente, sin temor, para hacer el bien y levantar a los hermanos.

La verdadera sabiduría es dejarse interpelar por la precariedad de la existencia y leer la historia humana con los ojos de Dios. Y, repito, vivimos un momento, que ya perdura en el tiempo, que es muy difícil para muchas personas y que está atentando a su dignidad.

El Miércoles de Ceniza nos recordaron: “convertiros y creed en el evangelio”. Esta sigue siendo nuestra principal misión para poder llevar adelante nuestros proyectos.

Seguramente que la parábola de la higuera que presenta el evangelio nos la podemos aplicar para afinar más en nuestra vida de seguimiento al Señor y así dar más frutos.

Contamos con que el Señor es un Dios paciente y nos va a permitir que redoblemos nuestro deseo de servicio y entrega para que nuestro espíritu se impregne más de bondad que de maldad, de paciencia que de ansiedad, de benevolencia que de envidia, de sencillez que de orgullo y que todas nuestras acciones estén basadas en el amor. Así desterraremos de nuestro corazón el lamento y la amargura. La alegría iluminará nuestro hogar y nuestro entorno.

Todo este tiempo hasta la Pascua estará presidido por la misericordia del Señor, compañero fiel, maestro en nuestro caminar.

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