Nueva vida que Dios da para siempre

Nueva vida que Dios da para siempre

 Domingo 4º de Cuaresma. Ciclo B

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante

Al fin y al cabo qué es lo que Dios nos pide, y nos pide… FE,  por ello nos da la libertad, porque solo desde la libertad podemos saber y puede saber Él que tenemos fe. No hay nada como la respuesta de un amigo, de un amor, cuando se responde desde la libertad, desde la posibilidad de poder dejar de ser o dejar de amar.

Tampoco hay nada tan arriesgado; se arriesga TODO. A eso se arriesga Dios: a nuestro NO.

Parece que sentimos algo de amor a las tinieblas en nuestros corazones, algo de secreto guardamos que no queremos compartir y también no–secretos que perjudican en mayor medida a los débiles e indefensos, podemos constatarlo en el día a día de nuestra vida como sociedad y de nuestra vida en particular.

Consumir la vida amando es nacer de nuevo y Jesús vino para enseñarnos a construir el cielo aquí. Nos empeñamos en mantener lo que llamamos “el orden” en nuestra sociedad necesitando para su sostenimiento el ejercicio de la autoridad, la amenaza, el castigo y lo cierto es que deberíamos llamar “desorden”. Dios no está por la labor, Él no va a imponer su criterio, su voluntad, solo lo va a exponer “levantando en alto a su Hijo” al igual que elevó la serpiente en el desierto para la salvación de aquellos que la miraran, para ahuyentar el temor, porque el que siente temor es que no está realizado en el amor.

Ay amiga, amigo, pero cuando le decimos SÍ y entramos a formar parte de su plan de rescate, nuestras acciones comienzan a tener visos de bondad y comienza ese nuevo nacimiento, ese “nuevo hacer” te acerca a la luz y la luz de Dios es tan poderosa que lo ilumina todo; con Jesús ya no hay nada que quede escondido. ¿Dejamos que Dios mire dentro de nuestras vidas? ¿Pensamos y creemos que Jesús  nos puede transformar?

Dios quiere, desea que alcancemos esa calidad de vida que se vive cuando se está en presencia de Dios.

Jesús nos pide que coloquemos nuestra vida bajo su luz y olvidemos la pregunta ¿Qué se debe hacer? Solo preguntarse dónde quiere Dios que me pare.

 

 

 

 

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