“¡Qué Bien lo Hace Todo!”

“¡Qué Bien lo Hace Todo!”

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
DOMINGO XXIII TO
Por: Mª Jesús Laveda. Vita et Pax. Guatemala

 

Textos Litúrgicos:

 Is 35, 4-7
Sal 145
St 2, 1-5
Mc 7, 31-37

Escuchando estas palabras del evangelio no puedo dejar de pensar mirando a la realidad que estamos viviendo, tanto a nivel nacional, internacional, mundial que hoy Jesús también tendría que seguir ejerciendo ese ministerio de hacer oír y hablar a tantos de nosotros que estamos sordos y ciegos. Unos porque no queremos complicarnos la vida, otros porque el miedo nos paraliza frente a las consecuencias de lo que significa hoy “hablar” y “escuchar”. Muchos, porque sabemos la suerte que corren los profetas, los defensores de los derechos de las personas, de los bienes comunes de la tierra que pertenecen a todos.

Hablar denunciando las situaciones de injusticia en las que viven tantos pueblos, tantas personas, hombres y mujeres a los que no se les permite vivir en dignidad, libertad, paz, complica la vida. Es más, es una realidad que, muchos de ellos ven y escuchan, pero los acallan y les obligan a vivir de espaldas a su misma opresión.

Nuestro mundo está del revés. Nuestros líderes políticos, a menudo también los religiosos, parece que ni ven, ni oyen. Su palabra no resuena en medio de la injusticia y la desesperanza de tantas personas que viven en la pobreza, la desigualdad, la falta de salud, la desnutrición, la guerra, la invisibilidad, que viven como si no existieran. ¿Será que por eso no los vemos?

La realidad que hoy viven las mujeres afganas, que obligadas a desaparecer debajo de su vestimenta oscura e invisibilizadora, les han acallado y no les permiten pronunciar y defender lo que lograron durante todos estos años de lucha y reivindicaciones de sus derechos. Mientras otras y otros, cuyas vidas no están rotas, sino que siguen disfrutando de los beneficios de la corrupción, los privilegios, la buena vida, aún sin tener nada que les apague la vista, no son capaces de “ver” la dureza, la impotencia y el sufrimiento en los que viven los más vulnerables. Podríamos recordar otra expresión del propio Jesús, “viendo no ven, y oyendo no oyen” (Mt 13,13).

La realidad que estamos viviendo en Guatemala, en donde los líderes políticos están de espaldas al dolor del pueblo y vulnerando los derechos humanos de la ciudadanía clama al cielo. Y no solo no quieren ver, sino que tampoco quieren oír. Les molestan sus gritos señalando corrupción e injusticia. Es más, los acallan con violencia, les imponen silencio por miedo a perder la vida. Y tantos otros que miramos, pero no hacemos nada.

La situación de los migrantes es dolorosa y escandalosa por la falta de medidas políticas solidarias ante esta verdad. Europa ve llegar las pateras… Guatemala ve salir a su gente, jóvenes, niños y niñas, hombres y mujeres desesperados, frustrados porque no son relevantes para el país no importando sus proyectos, sus necesidades, familias enteras desestructuradas, mirando hacia el desierto y queriendo escuchar la voz querida que le anuncia que “ya llegó al país de los sueños, Estados Unidos. Sólo importa de ellos las remesas que reenvían a sus familias y que engrosan el PIB nacional. A la política y economía del país no le interesa resolver el problema de la migración y miran para otro lado…

Pero también es cierto que muchas organizaciones, muchos hombres y mujeres de tantos países levantan la voz, abren sus ojos a la realidad para, no solo denunciarla, sino sanarla y devolver la vida a quienes la tienen enterrada. Son los que, acompañados de otros y de su testimonio, o habiendo descubierto en la mirada y la Palabra de Jesús el llamado a trabajar por el Reino, salen a la calle, gritan su verdad, a veces también su rabia y su impotencia, para que otros abran también los ojos y los oídos. ¿Estamos cada una y uno de nosotros, los que nos llamamos seguidores de Jesús involucrados en esta tarea liberadora?

Ellos son los que mantienen viva nuestra esperanza en un mundo diferente. Sé que detrás de cada gesto que transforma la vida, está la Sabiduría, la fuerza de la Ruah, que no puede dejar en la oscuridad a quienes acuden a ella pidiendo ver y oír. “… dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen” (Mt 13,16)

Me viene a la mente el texto bíblico de Ex 3, 7: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a librarlos…”  dice Dios Padre y Madre de todos.

¿Y nosotros? ¿Y nosotras? … tantas veces miramos para otro lado.

¡Llegará el día en que Jesús imponiendo sus manos sobre nuestros gobernantes, políticos, economistas, empresarios, religiosos, nosotras y nosotros, nos toque para que seamos capaces de ver y escuchar el clamor de su pueblo que busca justicia!

Ese día podremos decir de nuevo ¡Qué bien lo ha hecho todo!

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