Recuperar la Parcialidad

Recuperar la Parcialidad

Por: Maricarmen Martín

La parábola de Mt 20,1-16 nos puede descolocar y llevar a la incomprensión al ver la postura que toma Jesús ante los jornaleros contratados. Jesús anuncia el Reino de Dios y, con demasiada frecuencia, se nos olvida el carácter parcial con que lo hizo, con el olvido socavamos la justicia. Jesús participaba de las esperanzas mesiánicas de su tiempo, y a ellas pertenecía la llegada del rey justo, el mesías, que después será identificado con su persona. Pues bien, en la tradición del Antiguo Testamento, el “rey justo esperado” no es cualquier rey, sino el rey parcial hacia los oprimidos. De ahí que la justicia de este rey no consiste primordialmente en emitir un veredicto imparcial, sino en la protección que se preste a los desvalidos y a los pobres, a las viudas y a los huérfanos, a los parados de larga duración y a los que llegan en pateras…

Es importante recordar que en el mundo del Antiguo Testamento la idea y la necesidad de una institución que impartiese justicia surgió para ayudar a quienes por ser débiles no podían defenderse, los otros no lo necesitaban. Y cuandola Bibliahabla de Dios como juez piensa en su voluntad de salvar de la injusticia a los oprimidos. Qué duda cabe que en la actualidad ha desaparecido la dimensión de parcialidad hacia el débil de la justicia mesiánica.

Esta parcialidad de la justicia choca –teóricamente- a nuestros oídos democráticos, aunque en la realidad en nuestras sociedades impera una obvia parcialidad en la dirección opuesta, es decir, la justicia favorece más al poderoso que al débil, más al opresor que al oprimido, más a los bancos que a los que sufren las hipotecas… y eso tanto en el ámbito jurídico como en el ámbito más primordial de lo económico y social.

La idea occidental de justicia proviene del mundo grecorromano y su símbolo es la mujer con los ojos vendados, destacando así su carácter universal e imparcial. Pues bien, es importante superar la espúrea imparcialidad del derecho que redunda a favor de los poderosos y, por eso, hablamos de parcialidad. Con ello queremos decir que al pensar la justicia hacia los seres humanos, se tenga en mente antes que nada la vida de los pobres, los excluidos, los que no cuentan… En estas personas determinadas y no en una abstracta universalización de la naturaleza humana, acaece lo humano concreto, lo que toda justicia y toda ley debe defender.

Como decía Monseñor Romero “es preciso defender el mínimo que es el máximo de Dios: la vida”. El dar vida, en contra de lo que da muerte, es la acción primaria con la que se responde al derecho de los seres humanos. Y entonces ese derecho exige una urgente parcialización tanto por lo que toca a la realidad de la vida que hay que dar como por lo que toca a los seres humanos que la tienen en peligro. Una parcialización que, a su vez, desenmascare la cultura del individualismo, del éxito y del buen vivir a costa de lo que sea y de quien sea.

Haciendo un ejercicio de imaginación podemos pensar que, tal vez, lean estas páginas personas que componen el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del Banco Mundial, del Fondo Monetario, del G-8, de las farmacéuticas, de nuestro gobierno, de la oposición … y se deciden a llevarlo a cabo. Necesitamos con urgencia crear modelos económicos, políticos y culturales parciales que hagan posible el ejercicio real y concreto de la justicia. Y es aquí donde los intelectuales de todo tipo, las personas teóricas críticas de la realidad y de las democracias actuales tienen un reto y una tarea impostergable. No basta con la crítica, la denuncia y la destrucción, sino que se precisa una construcción que sirva de alternativa real. Y ésta de la parcialidad mesiánica lo es.

No estamos hablando de arbitrariedad ni de agravio comparativo como experimenta algún trabajador del evangelio de hoy. Hablamos de la parcialidad de Dios que coloca a la persona más débil y excluida en el centro del Derecho. Esta parcialidad debe ser hoy recuperada y puesta en primer plano también en el cristianismo, es decir, en cada una de las personas que nos confesamos cristianas.

9 de septiembre de 2011

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