Salomón en la era digital

Salomón en la era digital

28º Domingo  del T.O. Ciclo B

Por: Ma.Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

Vivimos una auténtica revolución tecnológica que va configurando la vida de las personas y de los pueblos. Internet es un invento que parece surgir de un mundo mágico y forma parte cada día más de nuestra cotidianidad. En él se concentran, interconectados entre sí, todos los medios anteriores de comunicación e información: imprenta, telégrafo, teléfono, libros, revistas, televisión…

Nos podemos vivir conectadas o desconectadas. Yo debo confesar que soy una conversa de última generación. En menos de un año me he abierto (con ayuda) dos cuentas de facebook, una de twitter, participo en actualizar una página web, chequeo cuatro cuentas diferentes de correo electrónico…

La vida, nuestra vida, puede parecerse cada vez más a una gran pantalla donde se abren al mismo tiempo múltiples pantallas que requieren nuestra atención. Estas tecnologías se reinventan cada día ofreciéndonos dispositivos cada vez más rápidos, más pequeños, con más memoria y con un diseño más atractivo. No hay distancias, o la distancia es más un ancho de banda que una dimensión geográfica.

Se nos favorece multiplicar los contactos, aunque ello suponga en muchas ocasiones no estar bien comunicadas, incluso favorecen un anonimato que te posibilita poder borrar una relación con un clic. La superficialidad se puede instalar en las relaciones y empobrecer la vida. Estos medios, a veces,  tienen la fuerza de adueñarse de nosotras y se convierten en la prolongación de nuestra mano o de nuestro oído, de tal manera que, cuando nos faltan, sentimos la ansiedad de la pérdida. Leí hace poco que antes se empezaba el día con la señal de la cruz y ahora con la contraseña de Internet.

Sin embargo, estas nuevas tecnologías pueden ser herramientas maravillosas. Eso depende de nosotras. Es necesario darles todo su verdadero valor desde la misma profundidad de la vida, donde existen posibilidades infinitas y un deseo profundo de crear el futuro. Los pequeños mensajes que circulan por la red se convierten en parte de la letra pequeña que expresan aspiraciones profundas para hacer un mundo mejor.

Las redes sociales son un espacio de encuentro interpersonal y se abren como una gran plaza de pueblo donde confluyen, de repente, las inquietudes de miles de personas que reaccionan en cadena contra hechos injustos. En algunas ocasiones, verdaderas multitudes saltan desde las avenidas virtuales al pavimento de las calles para reivindicar derechos justos amenazados o para protestar por gastos excesivos, corrupciones de todo tipo… Algunas de las grandes revoluciones actuales no habrían sido posibles sin la red.

La red, a su vez, es un fantástico instrumento de evangelización donde la Palabra de Dios se  hace presente con toda su eficacia y radicalidad. Y no sólo eso, sino también un espacio donde vivir la vida cristiana con todas sus inquietudes, sus búsquedas y sus anhelos para configurar un nuevo mundo. El reto, hoy, no es cómo usar bien la red sino cómo vivir bien en tiempos de la red.

En este sentido, la red no es un nuevo “medio” de evangelización, sino que es, sobre todo, un contexto en el que la fe está llamada a expresarse. Esto es así porque las grandes preguntas y aspiraciones humanas se mueven por la red al mismo tiempo que las banalidades que entretienen el tedio y la superficialidad. Y nada de lo humano es ajeno al cristianismo.

Hacemos nuestra la súplica de Salomón para poseer la Sabiduría, una Sabiduría que hoy, también circula en la red. Escuchar su brisa y entrar en comunión con ella es un nuevo desafío contemplativo y una tarea para repensar nuestra vida cristiana en tiempos de red. Por las tecnologías más sofisticadas viaja hoy discretamente la iniciativa de Dios, que hace nuevas todas las cosas.

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