“Se Fija en Quien Da, en Quien se Da”

Se fija en quien se da

“Se Fija en Quien Da, en Quien se Da”

Domingo XXXII del TO.
Por: Rosa Mª Belda Moreno. Laica. Ciudad Real

Textos Litúrgicos:

Re 17, 10-16
Sal 145
Heb 9, 24-28
Mc 12, 38-44

Lectura del primer libro de los Reyes (17,10-16)

En este relato me llama la atención esa viuda que no tiene quién le asista y que aún así se dirige a por agua para quién se la pide. Además, se le pide pan, ¡si no tiene nada! Me sugiere cuánto se exige, y más y más, cuando ya no se puede más. Me llama la atención esa actitud de no cuestionar de la viuda, y dar, de lo poco que tiene. Pero también me llama la atención de cuestionar, como diciendo, ¿aún me exiges más? Me abre a pensar en la generosidad primera y en los límites de las exigencias.

 

Lectura de la carta a los Hebreos (9,24-28)

Pablo se dirige a los Hebreos en esta carta que dice que Jesús se “ofrece a sí mismo”. Me quedo con esta idea entre las otras que me confunden. Es algo definitivo. Ya no hace falta nada más. La entrega de una misma es la máxima entrega, sin reservas, sin agendas ocultas, purificando mis motivaciones. Se trata de dar lo que tengo, de darlo todo, de abrirlo todo, de no amarrarme, de darme a mí.

 

Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44)

En esta lectura veo dos partes. La primera en la que Jesús nos alerta sobre la gente que busca la alabanza y los puestos de honor. Reflexiono sobre si yo también, en algún momento… no busco un reconocimiento así.

En la segunda parte, Jesús se fija en la viuda pobre que da lo poco que tiene, lo que tenía para vivir, como la viuda de Sarepta. Jesús ve en este gesto algo que vale más que el dinero y es ese dar “todo”. Porque dar de lo que nos sobra: tiempo, dinero, está bien. Pero darlo “todo” es una entrega más honda, esa que tiene que ver con el no pertenecerse del todo, ese saberse criatura, ese ponerse en sus manos de Madre-Padre, esa radicalidad que tiene que ver con el ofrecerse a sí misma, sin trampas, sin guardarse un poquito, sin decirse eso de: “ya que tanto hago, me puede permitir…”

Y así confío en ese Dios que es fiel, que me sustenta, que me endereza, que me libera. Es la radicalidad del Evangelio que sigue siendo voz viva para el compromiso en el terreno de la justicia, al lado de las personas más desfavorecidas, allí donde no hay ni lo mínimo. Es la llamada a dar lo que tienes. Un poco más. Un poco mejor. Es la experiencia de darse enteramente, genuinamente, sin buscar recompensa.

Sí, mi alma alaba al Señor, mientras doy otro paso en este camino descubierto.

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