Siempre el amor…

Siempre el amor…

5ºDomingo de Pascua – Ciclo C

Por: Mª Carmen Nieto León.Mujeres y Teología. Ciudad Real

Me llama la atención una frase de la primera lectura de los Hechos de los apóstoles de hoy donde Pablo y Bernabé animan a los discípulos a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios. Y es verdad, hay que sufrir mucho para entrar en su Reino, y no porque Dios quiera que suframos, al contrario, lo que Él quiere es que seamos felices, que nadie sufra, ninguna persona. Y claro aquí es donde está el problema, porque las personas somos egoístas e individualistas y poco nos importan los demás. Pero Dios, va contra corriente y eso es lo que nos descoloca y lo que nos hace sufrir para disfrutar de su Reino. Por eso las personas que tanto sufren ya tiene su sitio en el Reino de Dios, porque sufren gratuitamente, sin tener por qué. Este sufrimiento la mayoría de las veces está provocado por un modelo de sociedad y de persona que nada tiene que ver con el modelo que Jesús nos propone.

El Salmista de hoy nos recuerda que el Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad. Que Dios sea lento a la Cólera no significa que no se enfade, ¡claro que se enfada! Cómo no se va a enfadar con tanto dolor que provocamos las personas en el mundo, cómo no se va a enfadar si a las personas que lo tienen más difícil en vez de acogerles y tenderles una mano les ponemos barreras, no les escuchamos, les enviamos a sus lugares de origen donde la guerra y el desatino les espera…. Claro que Dios se enfada, pero puede más en Él el amor y la misericordia. No abandona a sus hijos ni a sus hijas, permanece, a pesar de todo y de todos. Es el fiel compañero que no juzga, que no condena, que ama por encima de todas las cosas.

Esto no quiere decir que justifique las conductas de muerte, esto significa que la Persona está por encima de todo, porque somos su imagen y semejanza, y a pesar de nuestras actitudes, errores, pecados, él nos ama y espera paciente a que entendamos su mensaje, ese mensaje que se nos recuerda en el evangelio de hoy; que nos amemos unos a otros como él nos ha amado. ¡Qué diferente sería todo, si nos amásemos como él nos propone! No habría devoluciones de personas a ningún sitio, no habría paraísos fiscales, no habría hambre, ni sed, ni muertes de tantos niños en los países empobrecidos, ni soledad y destrucción en los países ricos… si nos amásemos como él nos ama… Ese es el gran mensaje, esa es la esencia del Reino de Dios, esa es la gran Noticia, siempre, sobre todas las cosas, el amor.

 

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