Te basta mi gracia

Te basta mi gracia

 14º Domingo T.O. Ciclo B

Por: M. Jesús Antón. Vita et Pax. Madrid

Por qué me gustan los profetas si son personas que su vida ni es fácil, ni son admirados…  será porque es gente buscadora, inconformista, que nunca vive en paz con la situación de su entorno…

Creo que cualquier persona creyente y seguidora de Jesús hoy, ha de ser profeta. A Ezequiel Dios no le engaña “te envío a un pueblo rebelde”, ni la rebeldía ni la oposición acallan su voz.

 El profeta no asegura la conversión del pueblo, el profeta es una persona expropiada para Dios. Ezequiel es símbolo de una vida desapropiada, entregada a proclamar el mensaje de quien le envía.

No es una historia nueva la que le tocó vivir a Jesús en la sinagoga de su pueblo, el rechazo a los profetas fue una constante en el pueblo de Israel,  lo vemos bien en la primera lectura del profeta Ezequiel,

Pero Dios no se cansa ante las dificultades y sigue cada día actuando hasta que nos fiemos de Él.

En el evangelio de hoy también vemos a Jesús que se siente rechazado por sus paisanos que lo vieron crecer: ¿qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿de dónde saca esto? ¿no es el hijo de María?

” Y desconfiaban de él”.  Era solo uno más del pueblo. La realidad indiscutible  de lo que ven en Jesús: su sabiduría y sus milagros, no consiguen vencer la sospecha y la incredulidad de quienes le conocieron como sencillo carpintero que venía de una modesta familia.

El evangelio de hoy cuestiona esa actitud y nos invita a concedernos la oportunidad de crecimiento y cambio a quienes son compañeras/os de camino en la vida cotidiana cuando sospechamos o no creemos en sus avances o cuando sus vidas nos interpelan. El evangelio de hoy nos invita a revisar nuestras actitudes hacia aquellas personas con las que compartimos vida o trabajo. Pero también nos cuestiona nuestra propia relación con Jesús. Puede pasarnos como a sus paisanos, que conocemos tanto su Palabra que no nos permite renovar o transformar nuestra vida.

Y Pablo nos recuerda que la fuerza de Dios se realiza en la debilidad humana, que todas/os llevamos espinas o aguijones de los que necesitamos liberarnos y liberar para que se vea que una fuerza tan extraordinaria viene de Dios.

Entre la grandeza de la misión recibida y nuestra pequeñez “llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios, no nuestra”, siempre tendremos que luchar con las espinas o aguijones y no creernos superiores a nadie. Nos basta su gracia, su poder triunfa en nuestra flaqueza.  Así ha sido y tendrá que ser el testimonio de sus profetas. Gente que provoca y cuestiona en un mundo injusto y poco fraterno.

Qué interrogantes, qué preguntas provocamos en los que nos ven.

Cuántas veces nos cuesta reconocer a personas con las que nos relacionamos en la vida cotidiana ante sus logros o avances o ante unas vidas que cuestionan y producen rechazo.

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