Todo

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32º Domingo del T.O. Ciclo B

Por: Rosamary González. Vita et Pax. Tafalla. (Navarra)

Dos mujeres salen a nuestro encuentro a través de la Palabra de Dios en este domingo: las dos, viudas y pobres. Por su situación deberían estar protegidas, de una manera especial, por la ley y por Dios, pero no se percibe esa protección porque nos las presentan (en lenguaje de hoy) en situación extrema de pobreza.

En el diálogo que mantienen la mujer y el profeta, ella le dice  que sólo tiene harina y aceite para hacer un pan para ella y para su hijo y después morirían, pero Elías insiste en querer un panecillo antes para él. Es muy fácil imaginar el dolor de esta mujer refiriendo al profeta la verdad de su situación: no puede satisfacer su demanda por no tener los medios para hacerlo. El caminante tiene sed y hambre y la mujer poco que ofrecer, pero comparte  TODO lo que posee. El milagro se realizó al fiarse y poner la confianza en el enviado de Dios.

Siglos después nos llegan muchos caminantes: emigrantes, refugiados, pobres  que están muy cerca de nosotras, de nosotros. Y ¿qué les respondemos?,  ¿somos capaces de entrar en diálogo, escucharles, compartir, no ya TODO, sino parte de lo que poseemos? Si no lo hacemos no se obrará el milagro, seguiremos  como siempre, unos teniendo las necesidades bien cubiertas y una gran mayoría muriendo de hambre.

Como los domingos anteriores, el evangelista Marcos nos sigue presentando a Jesús  enseñando a sus discípulos con su gran pedagogía y con ejemplos bien concretos, relacionados con las gentes que iban encontrando en el camino. Les habla de los peligros que corren y que corremos con sus y nuestras hipocresías cuando caemos en el fariseísmo. Al mismo tiempo “observa” el dinero que van depositando en el arca de las ofrendas y como ejemplo para sus discípulos pone a la viuda y pobre porque ha echado TODO lo que tenía para vivir. Como la viuda de Sarepta da todo lo que tiene.

Ese TODO nos tiene que ir marcando como  personas que quieren vivir el evangelio de verdad; como grupo que pertenece a una Iglesia que vive el mensaje de Jesús y se  verifica en nuestra vida de cada día. Como Pedro también podemos caer en la tentación de decirle al Señor: “Ya ves que nosotros lo hemos dejado TODO y te hemos seguido” (Mc 10,28) y sin  embargo ante las dificultades huimos. Se van apegando en nuestra vida “amplios ropajes” que nos impiden volar en el camino del seguimiento a Jesús. De forma muy sutil buscamos, si no las reverencias, sí los buenos asientos. Lugares donde nos sentimos bien, cerca de gentes que nos protegen. Las sillas de los pobres son más incómodas, posicionarnos a su lado nos trae más complicaciones y nos falta valor para permanecer.

Hoy como ayer, el mensaje de Jesús nos sale al camino y nos sigue pidiendo TODO. Sabemos que con su fuerza y nuestra determinación, todo es posible.

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