Triduo Pascual

Triduo Pascual

Por: D. Cornelio Urtasun

Jueves Santo

La celebración de la Cena del Señor no necesita de muchos comentarios. La misma grandeza de su festividad es su mejor mensaje en sus textos bíblicos, en sus oraciones, en todos sus elementos.

No somos hijos de la improvisación, de la provisionalidad, de la sorpresa.

Sin derramamiento de sangre, no hay perdón” dice el texto tan conocido: en el Antiguo Testamento, a partir de la fundación de la Pascua, era la sangre de un cordero, la que Dios pedía cada año y, año tras año, para la remisión del pecado y para dar gracias al Dador de todo bien por todas sus maravillas. En el Nuevo Testamento es la Sangre de otro Cordero. La del Cordero sin mancilla, Cristo Jesús, la que quita el pecado del mundo y es la Eucaristía perfecta con que agradecemos al Padre todas las maravillas y grandeza de su Amor.

El testamento de despedida, pieza fundamental:

  • Lavatorio de pies

  • Las despedidas

  • El Espíritu Santo

  • La oración sacerdotal

Viernes Santo

En este día celebramos la muerte de Jesús. Humanamente hablando, uno diría que es una pena que Jesucristo se comprometiera tan a fondo para el fin que obtuvo…

Muere Jesús y, cuando todo parecía haberse terminado, allí, en el mismo calvario comienzan las reacciones:

El Centurión impresionado dice: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Detrás de él, otras reacciones de reconocimiento de la Verdad.

Los culpables de la condena recuerdan: “… resucitaré al tercer día”. Y exigen un piquete de guardia para el sepulcro.

También los amigos de Jesús están impresionados. José de Arimatea y Nicodemo, piden a Pilato el Cuerpo de Jesús para darle sepultura y Pilato otorga.

Las mujeres que siempre estuvieron en primera línea al servicio de Jesús, con fidelidad y amor, allí están haciendo la guardia, alrededor de la cruz y del sepulcro. Les han arrebatado a su Amado, pero ellas continúan buscando. No imaginaban que su Amor, fundido en el de Jesús y de su Espíritu, harían el milagro que daría pie al DIA MÁS LARGO Y MAS GRANDE que hizo el Señor.

Vigilia Pascual

Estamos celebrando la PASCUA. El paso del Señor por el mundo, por la Iglesia, por las almas de cada uno de nosotros. Dios mismo, por su Palabra, nos ha explicado todos sus pasos.

Lo que corrió en la Pascua judía, lo que ocurrió en la primera Pascua cristiana, se ha hecho presente en el MISTERIO: CRISTO MUERTO Y SEPULTADO y que RESUCITÓ, ha vuelto a morir místicamente, realmente, y ha resucitado, también.

Dios por su Palabra, nos lo ha contado en el Evangelio, cómo fue aquella primera Resurrección de la Historia, de la Iglesia…

San Pablo, testigo de aquella su primera Resurrección y transformado por la misma, después de haberlo sepultado, nos ha enseñado cómo se resucita: cómo cada día uno es resucitado por Jesucristo, cómo tiene que colaborar en esa Resurrección.

Verdaderamente esta noche es santa, más luminosa que el claro día. Esta es la noche que da a luz el día más grande que hizo el Señor.

Resurrección

Celebramos solemnemente la Resurrección del Señor en la Vigilia. Hoy lo pasado se hace presente: HA RESUCITADO EL SEÑOR ¡¡ALELUYA!!

Es lo que vivimos en el día de hoy. “Jesucristo Resucitó” como cantamos de tantas maneras, como se ha proclamado en todas las Iglesias.

En esta celebración, la parte que tiene de recordatorio, lo que tiene de realidad celebrada, “lo pasado se hace presente”. Es lo que vivimos en el día de hoy, es lo que cantamos, de tantas maneras, en todas las Iglesias: Jesucristo ha resucitado ¡Aleluya!.

Celebrando la Resurrección con facilidad se indica nuestra implicación en ella, pensando en la resurrección nuestra, en el día final. Nada más cierto.

La Resurrección de Jesucristo es garantía de la nuestra. Pero hay algo más: nuestra resurrección con y en Jesucristo, aquí y ahora. Y como dice San Pablo: “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de Dios, buscad las cosas de arriba… llevando una vida alimentada con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad” (1 Cor 5, 6-8)

Vivir la vida de resucitados para manifestar la Resurrección.

Las mujeres en la Resurrección: tema admirable. Viven y ocupan su puesto a la misma altura que en la muerte de Jesucristo; dan la cara desde el primer momento. “Al alborear el primer día de la semana…”. El temblor, el relámpago, la piedra quitada… Los centinelas desconcertados. El anuncio del Ángel: “No está aquí, resucitó”. Ellas buscaban al muerto: Él estaba vivo.

La Virgen parece extraño que no aparezca en esta mañana. La clave es sencilla. Ella lo sabía vivo, lleno de VIDA.

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