Un año nuevo diferente

Un año nuevo diferente

33 Domingo del T.O. Ciclo B

 

Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ciudad Real

Todas y todos tenemos nuestros horarios y agendas, citas marcadas con regularidad en el año y nuestras fechas significativas; es nuestro calendario. Hay muchos tipos de calendarios, y no me refiero al objeto material, sino a la forma de ir planificando el tiempo: laboral, académico, civil… Pues bien, la Iglesia ofrece también su propio calendario. No coincide con el año civil y no empieza el uno de enero, sino cuatro semanas antes de Navidad. Se trata del año litúrgico, con sus fiestas, sus ciclos, sus tiempos…

El año litúrgico es el proceso de inmersión lenta pero segura en la vida de Jesucristo; es el ámbito en el que nuestra vida y la vida de Jesús se entrecruzan; es el espacio en el que caminamos con Jesús por todas las circunstancias de su vida, y Él camina con nosotras por las nuestras. El año litúrgico es la voz de Jesús llamándonos cada día de nuestra vida a despertar de nuestras mediocridades y somnolencias para atender a la vida de Jesús, que clama por plenitud en nosotras.

El año litúrgico no es un solo momento en el tiempo; es muchos momentos en el tiempo, todos ellos conduciéndonos a un centro esencial: el recuerdo de la cruz y el significado de la resurrección, tanto para Jesús como para nosotras. Descubrimos que la vida no es una línea recta. La vida es una espiral que se enrosca sobre sí misma una y otra vez. En consecuencia, regresamos año tras año, en cada giro a encontrarnos con ese Jesús que, por amor, se encarnó, murió y resucitó.

Celebrar el año litúrgico nos sumerge constantemente, de un modo cada vez más profundo, en nuestro encuentro con Dios. En el año litúrgico llegamos a comprender que es en el tiempo, en la vida, en el mundo real y cotidiano de todos los día, donde encontramos a Dios. Que Jesús no es un dios griego ni un ser de otro planeta ni un cuento de hadas divino. Jesús es ese Niño nacido de María y muerto en una cruz. Y es de los nuestros. El año litúrgico nos abre a la divinidad. Esta es la aventura esencial, engendradora y definitiva de la vida.

El verdadero poder del año litúrgico es su capacidad de tocar nuestra profundidad y conmover nuestro corazón. Recorriendo el camino de la vida de Jesús, descubrimos el sentido de nuestra propia vida y la energía desbordante para seguir caminando. Hace posible el siguiente paso. Nos calma cuando vamos dando traspiés de acá para allá. Nos lleva, más allá de nuestro yo actual, al yo que yace en espera de Dios.

Empapadas de la vida de Jesús, llegamos a conformar la nuestra con la suya y a marcar sencillamente el paso de otro año. El año litúrgico no es una lección de historia. Es una lección de amor. Una lección acerca de cómo Dios nos ama con infinita ternura y se implica y complica por nosotras. Es una lección acerca de la clase de amor que acepta a los extranjeros y da agua en el desierto. Es una lección acerca de la profundidad de la misericordia que sana a los marginados y denuncia la injusticia…

El año litúrgico pretende formarnos en el espíritu de Aquel que se detuvo, escuchó y dio nueva vista a los ojos del mendigo, y curó a esa mujer que sangraba, y dio pan a esa pandilla de pordioseros, y tocó la carne enferma del leproso, y con fuerza expulsó a los mafiosos y corruptos del espacio de la honradez… Y, lentamente, en la sabiduría de la rutina cotidiana del año litúrgico llegaremos a ser lo que decimos ser: seguidoras y seguidores de Jesús hasta el corazón de Dios.

¡Feliz año nuevo litúrgico!

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