Uno de tantos

lunes, marzo 14th, 2016

Comentario al Domingo de Ramos. Ciclo C

Por: Paky Lillo. Vita et Pax. Alicante.

Maestro

Jesús es reconocido en varias ocasiones durante su predicación como “El Maestro” incluso por los fariseos, pero un maestro cuya fortaleza no entienden. No es manipulador utilizando su saber, no es liberador utilizando su potestad, no se apoya en armamentos para luchar, su autoridad no tiene nada que ver con la soberbia, sin embargo tiene fuerza, tiene poder, tiene autoridad… y todo lo manifiesta en el servicio. Él mismo se lo dice a sus seguidores “Vamos a ver, ¿Quién es el más grande, el que está a la mesa o el que sirve? El que está a la mesa ¿verdad? Pues yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lc 22,27) ese es su Señorío. Jesús lo pasa todo por el filtro del Amor.

No consintieron ser hijos

Jesús pone a esa sociedad, la que le tocó vivir, patas arriba. Desmanteló la ley, chilló la verdad a los poderosos, delató a los verdaderos bandidos, destruyó el templo por su mal uso… Y es que en el fondo pensó que se encontraba entre sus hermanos; hermanos por ser todos hijos de Dios, porque Él sí reconocía y vivía la paternidad de Dios.

Sabía que la guerra no terminaba con los conflictos, sabía que la paz siempre tiene que ir acompañada de la esperanza cuando es una verdadera paz, por eso, fue pacífico en su empeño, aunque luchador.

Y no hizo nada que no pudiera hacer un hombre cualquiera, por eso nos dice Pablo que fue “como uno de tantos”, porque siempre hizo lo que cualquier persona podría llegar a hacer, siempre y cuando su confianza en Dios-Padre fuera PLENA. “Su hacer” tenía que estar al alcance de un simple campesino, pastor… de cualquiera de nosotros.

Gastar la vida

Jesús nos mostró lo que Dios quería. Sabía que la vida comienza y termina en esta tierra y se gasta. El ofreció gastarla en el proyecto de Dios, en llevar el mensaje del Reino de Dios. Y fue una entrega sufriendo, con miedo, con sensación de abandono. Pero también Dios le mostró que Él no nos abandona nunca y que la fortaleza de su amor se siente en todos nuestros momentos por muy duros y extremos que sean.

Cuando acaba el día o la jornada de trabajo y notas el cansancio del día, y sientes que has dejado toda tu energía en ese caminar de hoy, te hace consciente y piensas que merece la pena gastar la vida y empeñarte en acompañar a tus hermanos, en luchar por la dignidad de cada persona con la que te encuentras, en reconocer el valor del que tienes a tu lado, en favorecer al otro, en facilitarle el caminar al compañero… el entregar tu vida al que lo necesita y abandonar tu vida en Dios, al estilo de Jesús, como uno de tantos.

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