Y Dios, ¿es bueno?

Y Dios, ¿es bueno?

Domingo 5º del T.O. Ciclo A

Comentario editado por: LAICOS
Este domingo viene a caer casi siempre en febrero, mes en el que se celebra la Campaña contra el Hambre en el Mundo, circunstancia que puede favorecer el que muchos, al tomar conciencia de la terrible realidad del hambre en nuestro planeta, hayan pensado de esta manera: ¿Cómo es posible que Dios permita tanto dolor? ¿Cómo es posible que, siendo bueno, no acabe con tanto sufrimiento? ¿O es que Dios no es tan bueno? ¿O es que Dios no existe?

Y DIOS, ¿DÓNDE ANDA? ¿Y ES BUENO?
¿Se habrá olvidado Dios de nuestro mundo? ¿Dónde está Dios? ¿Dónde encontrarlo?
Al tomar conciencia de las miserias que se acumulan a lo ancho y largo de este mundo, del hambre, la enfermedad, la incultura…; al ser testigos de los sufrimientos tan inhumanos a que se ven sometidos tantos millones de seres humanos, una pregunta se plantea en la mente de muchos: ¿Quién ha dispuesto las cosas tan mal?
No podemos negar que conocer nuestro mundo, cuando se posee un mínimo de sentido crítico, deja un amargo sabor de boca: en la actualidad se están matando los hombres unos a otros en unas treinta guerras, hay quince millones (15.000.000) de leprosos en todo el mundo, muchos de ellos con deficiente atención sanitaria, y son decenas de millones de hombres los que mueren de hambre cada año en el mundo…
¿Manifiesta este mundo la bondad de su Creador? No nos escandalicemos por la pregunta: la historia nos asegura que son muchos los que han dejado de creer en Dios porque no han sido capaces de superar el escándalo de un mundo que rebosa
sufrimiento.

SAL DEL MUNDO

En la antigüedad, en el entorno cultural de Israel, cuando se hacía un pacto entre dos pueblos, una vez de acuerdo en los términos de la alianza, se solía celebrar un banquete, con el que quedaba sellada; en ese banquete se usaba la sal, dándole una
gran importancia simbólica: la sal hace que los alimentos se conserven sin corromperse; pues eso es lo que debían procurar quienes establecían aquella alianza, mantenerla en vigor permanentemente. Los pactos que se hacían según ese rito los llamaban «pactos de sal».
Dios ha querido hacer una nueva alianza; los términos de la misma los acaba de explicar Jesús: son las bienaventuranzas.
Dios estará presente en medio de los hombres que elijan ser pobres para construir un mundo en el que no haya pobres, y en el que los hombres sean solidarios, y honestos, y comprometidos en la construcción y el mantenimiento de la paz; y fieles hasta el final a sus compromisos, a pesar de los conflictos y de las persecuciones que su estilo de vida les pueda acarrear…
Es una alianza que Dios quiere establecer no con un pueblo en particular, como antes, sino con toda la humanidad, con todo el mundo a quien promete la felicidad, la dicha: «Dichosos. . . »
Dios será fiel -siempre lo fue- a esa alianza; pero los que tienen la misión de hacer que se mantenga viva son los discípulos de Jesús: ellos son -nosotros debemos ser- «la sal de la tierra».

LUZ DEL MUNDO

Y ellos -los discípulos, que hoy somos nosotros- son los que tienen que hacer que sea patente, que se vea con claridad la presencia de Dios en el mundo de los hombres: «vosotros sois la luz del mundo».
Porque Dios no se hace visible en los fenómenos terribles de la naturaleza -el trueno, el rayo, el terremoto-, como se creyó en un tiempo; Dios se hace visible en la vida de los hombres y, en concreto, en la vida de la comunidad cristiana que lleva a cabo con fidelidad el programa de las bienaventuranzas.
Hubo un Hombre que se comprometió a dar su vida para que los hombres pudieran ser felices; entonces se abrió el cielo y se restableció la comunicación entre Dios y la humanidad. En adelante, cuando un pedazo de esa humanidad, un grupo de hombres y mujeres, de ancianos y de niños, asuman juntos ese compromiso, Dios se hará presente y su luz brillará con fuerza en medio del mundo.

SI LA SAL SE VUELVE SOSA…

Mil millones. No. No se trata de dinero. Se trata de personas que dicen que son discípulos de Jesús de Nazaret, que dicen que son cristianos. Personas que, al menos teóricamente, deberán estar comprometidas en construir un mundo en el que no hubiera sufrimiento. Personas cuya actividad debería ser manifestación de la bondad de un Dios que es amor hasta la exageración… ¿No se habrá vuelto sosa la sal?

Oración comunitaria:

Dios Padre y Madre universal, que en Jesús nos has invitado a compartir la Buena Nueva que él nos trajo; haz que los cristianos hagamos valer socialmente los valores de amor y servicio del Evangelio, para que a nuestros hermanos les sea más fácil reconocer la presencia que ya tú tienes en todos ellos y así seamos efectivamente “sal y luz de la tierra”. Nosotros te lo pedimos con la mirada puesta en Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro.

Menú
Utilizamos cookies propias y de terceros, para realizar el análisis de la navegación de los usuarios. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí. ACEPTAR
Aviso de cookies
Translate »