… y la Palabra era Dios

… y la Palabra era Dios

2º Domingo de Navidad. Ciclo C

Por: MaJesús Laveda. Vita et Pax. Guatemala

y la Palabra era Dios. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres.

Así se nos relata, en el comienzo del evangelio de Juan. Se nos va preparando para comprender quién es el que viene de parte de Dios. Es Dios mismo que quiere hacerse uno con el ser humano, en la persona de Jesús. Luz, vida, que plenifique la vida de cada persona.

Lo anuncia Juan el Bautista, él es testigo de la luz, que existía desde el principio junto a Dios.

Jesús es el rostro humano de Dios. Y si queremos conocer a Dios, hemos de contemplar, escuchar y acoger a Jesús. A Dios nadie lo ha visto, y sin embargo, tantas y tantos creen tener la verdad sobre Dios. Tenemos tantas imágenes distorsionadas de Dios; hablamos mucho de Él, pero no sabemos reconocerlo en su rostro humano, en su verdad más profunda y desde la que podemos acercarnos a la verdad del ser humano, también el proyecto del Padre para la humanidad. Porque el proyecto de Dios es el del Reino que nos anunciará Jesús. Un proyecto de fraternidad, libertad, amor y justicia para  todos los seres humanos.

Hoy estamos cansados de palabras, de teologías que buscanImagen1 “explicar” a Dios, pero que no siempre saben mostrar su rostro humano, amoroso, acogedor, que ilumina y da cobijo al ser pequeño y necesitado.

Estamos ciegos y no vemos que Dios llega a nuestro mundo para darle sentido y calor. Vino a los suyos y los suyos no le recibieron.  Nuestra iglesia tantas veces cerrada en conceptos y cargas pesadas, nuestros pastores empeñados en decir quién es Dios, pero no cómo es su rostro y su sueño; nuestras comunidades, nosotras/os mismas/os, que hablamos de Dios, pero no lo expresamos en nuestras vidas. Nosotras mismas, lo dejamos fuera de nuestras vidas en tantas ocasiones. Y lo buscamos fuera, cuando Dios mismo está dentro de nosotras, en cada corazón sencillo que busca con honestidad la verdad de sí mismo, de todo ser humano, de nuestro mundo.

La Palabra se hizo carne, carne de la nuestra. Jesús es el único que nos enseña cómo es Dios y lo que espera de nosotras/os. Él es quien nos lo da a conocer.

Pero desconcierta en su novedad ¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?, preguntan los discípulos de Juan.

Jesús, el rostro humano de Dios ha puesto su tienda entre  nosotras/os. Ya no es necesario mirar hacia arriba para descubrir a Dios, porque está en medio de nosotras/os. Y hemos de saber reconocerlo y buscarlo en los lugares donde Jesús frecuenta la vida, clave para nuestro encuentro con Él.

Hemos de redescubrir a Jesús, Palabra del Padre, encarnada en nuestra humanidad, liberador de opresiones, pobre en medio de los pobres, luchando por la justicia y la verdad, manifestando su bondad y misericordia de tantas maneras, con tantos acentos y lenguajes, que no se le puede encerrar en una sola expresión, contagiando libertad, crítico de su propia religión, hombre de paz en medio del conflicto.

Y con un secreto sosteniendo todo lo que dice y hace: El Padre, ABBA, amado por él y dócil a él. Lo que sostiene a Jesús es el Dios del Reino y el Reino de Dios.

 Y este es Jesús, la Palabra de Dios hecha carne, que de nuevo nos invita y nos regala otra oportunidad para acogerlo entre nosotras/os, dejarle que plante su tienda en nuestro mundo y recibirlo como Buena Noticia para toda la humanidad. En Él se esconde la verdad más profunda de nuestro anhelo de felicidad. ¿Tienes las puertas abiertas para hacerle entrar en tu casa?

Si es así, la Navidad no será cosa de unos días.

 

 

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