Amar a Dios y al prójimo lo es todo

Amar a Dios y al prójimo lo es todo

30 Domingo del T.O. Ciclo A 

Por: Chus Laveda. Vita et pax. Guatemala

La palabra de Dios es viva y eficaz. Eso leemos en los textos evangélicos. Por eso tenemos claro que dicha palabra, aunque explicitada en otro tiempo, parece dicha para cada una de las personas que hoy formamos la comunidad de los seguidores de Jesús.

Y las realidades que aborda y que se nos dan como mandato son extraídas de la realidad que hoy vive nuestro mundo: nuestra relación con el extranjero, con los más dependientes y necesitados, hoy, las mujeres y los niños; los empobrecidos de este mundo, que no tienen ni siquiera lo imprescindible para cubrir sus necesidades vitales.

Y Dios Padre, se pone de su parte, escucha su clamor y se hace cargo de su defensa. Y nos da la razón de su opción. Porque Él es misericordioso. No puede ser de otra manera. El Dios justo y amoroso, identifica su poder con la misericordia.  “Cuando él clame a mí, yo lo escucharé, porque soy misericordioso.

Jesús, la encarnación de Dios en nuestro mundo, se expresa de la misma manera. Y su modo de entender la vida y de dar culto a su Padre es teniendo compasión con todas las personas con las que se encuentra en su camino, atender sus necesidades, restituirles la vida, como fruto de su misericordia. Es misericordioso, como lo es su Padre. Y a eso somos llamadas/os las y los seguidores de Jesús.

Porque no se trata de creencias, ni rituales, ni expresiones de culto, sino experiencias de vida. Se es seguidor, viviendo como Jesús vivió. Es lo que se  expresa en el evangelio de hoy: Cuando los fariseos le preguntan por el mandamiento más grande de la ley, Jesús llena de contenido esa ley: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Y a este primer y más importante mandato, vincula el amor al prójimo, identificando el amor a los hermanos con el amor a Dios. Y no es un amor de palabra, sino de obras: acogida al diferente, compartiendo los bienes, celebrando y gestando vida nueva allá donde hay sufrimiento y exclusión, perdonando y abrazando a los demás como hermanos de un mismo Padre. Así lo expresa Pablo en su carta. Cómo, acogiendo el mensaje de Dios, lo expresan en su vida por medio de gestos y acciones, siendo ejemplo para los demás.

Sólo necesitamos mirar a nuestro alrededor para constatar que nuestro mundo está necesitado de este modo de entender la vida.

Cuántas fronteras, muros que separan, rechazos que impiden la acogida a aquellas personas que llegan a nuestros países buscando una vida más digna que pueda responder a nuestro ser personas. Cuántos enfrentamientos con aquellos que no piensan como nosotros y a los que queremos imponer nuestras ideas como la norma de vida para todos. Cuánto consumismo derrochando bienes, que ni siquiera sabemos aprovechar y que está robando la vida de tantas otras personas. Cuánto bien común, puesto al servicio de unos pocos y sus intereses particulares. Y no escuchamos el clamor de los pobres.

Pero Dios sí los escucha y toma partido. No siempre entendemos su voz, pero es claro que está de su parte. Por eso, serán los pequeños, los que lloran, sufren, son violentados hoy, los que vivirán en plenitud la Buena Noticia del Reino.

La Palabra de Dios es clara y contundente. No podemos hacer oídos sordos a su mensaje, porque en ello nos va la vida. Porque la voz de Dios hoy tiene que ser la nuestra, somos nosotras y nosotros los que hemos de gritar proféticamente la Buena Noticia del Reino, denunciando la injusticia, derrotando la violencia, rehaciendo la esperanza, abrazando vidas con la misma ternura misericordiosa del Buen Padre Dios.

 

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