El Mandamiento Nuevo

El mandamiento nuevo
V Domingo de Pascua
Por: Andrés Huertas. Presbítero. Madrid

Textos Litúrgicos:

Hch 14, 21-27
Sal 144
Ap 21, 1-5
Jn 13, 31-33. 34-35

Comentario al Nuevo Testamento.
Casa de la Biblia.

Literariamente hablando, los dos versículos en los que se expresa el mandamiento del amor, son una glosa. Jn. 13,33 tiene su continuación lógica en Jn. 13,36. Jesús anuncia su partida: A donde yo voy, vosotros no podéis venir (Jn 13,33b). La lógica, desde el punto de vista literario, exigiría colocar a continuación de estas palabras de Jesús la pregunta de Pedro: Señor, ¿a dónde vas? (Jn 13,36). Conceptualmente se halla en su lugar ya que, a la manifestación de la gracia y del amor de Dios, la glorificación del Hijo, debe corresponder la manifestación del amor por parte de los discípulos.

El amor mutuo es la esencia del discipulado y su única manifestación auténtica. A la novedad del mandamiento del amor contribuyen: su causa, los discípulos deben amarse, porque ellos fueron amados primero (1 Jn 4,19); Dios manifestó su amor al mundo (Jn 3,16); Jesús amó a los suyos hasta el fin (Jn 13,1). Sólo quien es amado y se siente amado es capaz de amar.

El amor de Jesús es fundamental y constitutivo del amor fraterno. No se trata sólo de una acción sino de una especie de atmósfera en la que respira el creyente y donde halla la fuerza para amar a sus semejantes. Por lo que se refiere al modo del mismo: es un amor de entrega, hecho de comunicación y de sacrificio. Así debe ser el de los discípulos. También es importante la finalidad: no es simplemente un amor altruista y humanitario, sino la continuación de la obra de Jesús; el amor mutuo debe ser manifestativo del amor que Dios tiene a los hombres.

Resuena la Palabra

Cuando salió Judas del cenáculo» (v.31) para fundamentar toda realidad de servicio-ministerio en la comunidad, ahí está la frase de Jesús: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros» (v.34).
Esta es la nueva alianza donde adquiere sentido y fundamento todo ministerio eclesial.
Este mandamiento manifiesta y expresa el amor de Dios.
Esta cláusula no pide nada para Dios, nada para Jesús, todo lo pide para el ser humano.
Dios no polariza al ser humano en sí, lo dinamiza hacia los hermanos.
Este dinamismo expansivo del amor empujará a la comunidad a una acción de carácter universal.

La referencia concreta de este mandamiento es «como yo os he amado, amaos también entre vosotros» (v.34).
Un amor expresado en actitudes concretas, con gestos y hechos en la vida cotidiana.
Amor creativo, que mira lo hondo del ser humano sin juzgarlo.
Un amor que da la vida y da vida en servicios concretos.
Amor que elige la debilidad, la paz y la libertad promocionando la dignidad humana.

Este amor discipular ha de ser visible, reconocible por cualquiera que quiera saber quiénes somos: «esta es la señal por la que conocerán todos que sois mis discípulos» (v.35).
He ahí el espacio utópico de la nueva creación, de la nueva sociedad, de todo progreso.

Vivir la Meditación

  • ¿Cómo manifiestas tú, hoy, ese amor, motivador de todo, en la comunidad creyente?
  • ¿En qué servicios concretos?
  • ¿Con qué actitudes permanentes?
  • ¿Hacia qué personas concretas?
  • ¿Lo expresas con la fuerza -convicción- de un sacramento?
  • ¿Lo haces coherente en la práctica?
  • ¿Eres consecuente con lo que expresas?
  • ¿Estás en un crecimiento permanente hacia la unidad con otros, los alejados, separados…?
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