Jesús hace posible lo imposible

Por: Jose Luis Terol.Trabajador del Metal. Miembro de la Comunidad Virtual de Zaragoza

7º Domingo del Tiempo Ordinario,Ciclo B

EL GRAN DESIERTO DEL PRESENTE.

Estamos en un tiempo sórdido. Nuestra sociedad “avanzada” parece atravesada por el miedo. Los oráculos de los Mercados y la usura nos alimentan cada día con la nueva revelación: un único mundo viable en el que los beneficios de los usureros valen más que la dignidad de las personas, que el trabajo esforzado de cualquier obrero, que la educación de los niños o que la ridícula pensión de tantas mujeres largos años invisibles. Antes, los dioses exigían sacrificios y el nuevo dios (Mamón) exige que renunciemos a nuestra dignidad porque somos pura mercancía, computable y desechable en  las nuevas cuentas de resultados.

Este panorama desértico que nos conduce a la asfixia e inanición, evidencia, casi de forma patética, un eurocentrismo y etnocentrismo que lleva inhumanizando nuestra experiencia personal y colectiva desde hace muchos años. Parece que le vemos las orejas al lobo cuando vemos amenazado nuestro cómodo y blindado estilo de vida, siendo que desde hace tanto tiempo miles de seres humanos de Africa, de las Américas, de Asia y de nuestra Europa, ven pisoteada su dignidad y su futuro, y vienen reclamando una fraternidad auténtica y planetaria. En este sentido, no deja de ser paradógico que aún tengamos que agradecer al nuevo y tosco dios y a sus incontables ministros la pérdida total de pudor y enmascaramientos.

UNA SED QUE NOS DESESTABILIZA RADICALMENTE LA VIDA.

En un horizonte así, la frágil Mesa de la Palabra y del Pan y el Vino que compartimos hoy, evidencia su dinamismo subversivo y desestabilizador.

El Profeta Isaías, como si en este domingo nos alertara desde el diario que vamos a leer o el informativo que vamos a ver en televisión, reclama con vigor nuestra atención:” ¡mirad que realizo algo nuevo….Abriré camino por el desierto!… para apagar la Sed que yo formé”. ¡Camino en aquel desierto de oriente medio y en el nuestro de hoy!

El Apóstol Pablo, no parece dirigirse  a una comunidad muy diferente a la nuestra: atenazados, miedosos, dubitativos, impotentes, desesperanzados…los cristianos de Corinto recuperaron coraje y dignidad al recordar la predicación y el testimonio de Timoteo, Silvano y del propio Pablo: “…en Cristo Jesús, todas las promesas han recibido un sí… y nos ha sellado poniendo en nuestros corazones el Espíritu”.

DIOS, EN JESUS, RECLAMA SU SOBERANIA HUMANIZADORA Y LIBERADORA.

¿Por qué estamos tantas veces postrados y paralizados? Al igual que en el cuasi teatral relato de Marcos, nosotros necesitamos, comunitaria y personalmente, seguir buscando a Jesús, remover los obstáculos que sea necesario para “descolgarnos” ante El.

“A ti te digo: ¡levántate, toma tu camilla y vete a tu casa!”.

La acción de Jesús nos va sacando de nuestra postración, nos va liberando de tantas esclavitudes, restaña nuestra dignidad tantas veces entregada.

La acción de Jesús es provocadora y clarificadora, desvela los corazones y cuestiona cualquier idolatría y endiosamiento. Ante quienes intentan –o intentamos-proteger, blindar o apropiarse de Dios, Jesús, el Hijo del Hombre, reclama la soberanía insondable de Dios que no pertenece a nadie, ni puede ser manejada por nadie.

Jesús nos va levantando para hacernos libres y dignos, para poder contagiar libertad y dignidad en su nombre. En medio del nuevo desierto y del nuevo imperio del dinero (Mamón) ¿podremos recrear por el Espíritu de Jesús espacios y brechas en las que se pueda volver a expresar : “¡No habíamos visto nada semejante!”?

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