Nuestro Rey

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Domingo Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
Por: M. Carmen Martín. Vita et Pax. Ruanda

Nuestro Rey

Textos Litúrgicos:

Dan 7, 13-14
Sal 92
Ap 1, 5-8
Jn 18, 33-37

Desde antiguo, los hombres y mujeres del pueblo de Israel, agobiados por las luchas y dificultades que sufrían, soñaban con ansia la llegada del Mesías que cambiaría sus vidas. La idea de que Dios reina por medio de su Mesías se hacía cada vez más fuerte en sus sueños de dignidad.

Viene Jesús y, desde el comienzo de su misión, anuncia que Dios quiere hacer realidad este sueño; el Reino de Dios llega (Mc 1,15). El Reino comienza a hacerse presente en la persona, en las palabras y en las obras de Jesús.

Un Reino cuyos primeros destinatarios son los pobres (Lc 4,18).El Reino de Dios pertenece a los indigentes, indefensos, oprimidos, hombres y mujeres sin prestigio ni recursos, gentes a las que nadie hace justicia, personas para las que no hay sitio en las estructuras sociales ni en el corazón humano. Los mismos evangelios poseen una palabra para designar estas personas óchlos; el papa Francisco los llamará “descartables”. Óchlos significa la “muchedumbre del pueblo” o el “gentío” en contraposición a los nobles y a la clase superior. Era la plebe carente de significado político e intelectual, las enormes masas de pobres e ignorantes, sin cultura y sin influencia, que tanto abundaban en aquel tiempo.

No es de extrañar que, el mismo Reino que entusiasmó al óchlos provocó el rechazo frontal de los grupos más y mejor instalados en aquella sociedad, sobre todo, de las personas religiosas y observantes del tiempo: fariseos, letrados, sacerdotes, senadores…

Y Jesús anuncia el Reino a los pobres no sólo de palabra sino desde su cercanía; se hace vulnerable a su clamor. La pobreza para Jesús tiene “rostro humano”: el leproso (Lc 5,12), la hemorroísa (Mt 9,19), el ciego (Lc 18,35) … ni descuida la situación concreta ni se acostumbra a ella. Él, que es pobre en todo su ser de Dios encarnado, conecta y asume las aspiraciones de la muchedumbre (óchlos).

Al hacerse vulnerable, consiente que la miseria del ser humano entre en su corazón y, al quedar herido por esta miseria, se revela misericordioso y samaritano. Jesús se acerca a los pobres para ayudarles a reconstruir su vida hundida en el dolor; defiende sus derechos y denuncia ante cualquier poder individual o colectivo, religioso o político, cultural o económico lo que se opone a la construcción de la fraternidad del Reino. No le resultó gratis este modo de reinar, le provocó la incomprensión y la muerte ¡Este es nuestro Rey!

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