Permanecer en el amor trinitario

6º domingo de Pascua, Ciclo B

Por: Josefina Oller. Vita et Pax. Guatemala

Serenamente ha ido avanzado este tiempo pascual en el que hemos contemplado las apariciones del RESUCITADO para fortalecer la fe de los discípulos y discípulas.  Delicadeza del Señor Jesús que, sin reproche alguno, sigue educándoles con su fina  pedagogía, en   este difícil aprendizaje de vivir sin su presencia física y dejándose conducir por el Espíritu. Así lo contemplamos también en los Hechos de los apóstoles que estamos reflexionando estos días.

En estos dos domingos: el pasado y el actual, las lecturas evangélicas nos sitúan al lado de Jesús despidiéndose de sus amigos y amigas: retroceso histórico y preludio de su ascensión definitiva. Y, puestos a su lado, vamos escuchando sus últimas palabras, su testamento: la maravillosa síntesis de su mensaje, la esencia de lo que ha venido diciendo –con palabras y obras-  durante los años que ha vivido en la tierra.  Síntesis que, convertida en mandato, ha de ser la norma fundamental de sus seguidores, quienes tendrán pronto la apasionante tarea de evangelizar, la misión de anunciar la buena Nueva del Reino.

Y, ¿cuál es ese deseo tan obsesivo de Jesús para que sus seguidores puedan cumplir su misión?

El pasado domingo  nos comunicaba una parte: nos decía: “permaneced unidos a la vid, no podréis dar fruto si no estáis unidos a la vid.”  Es más, “el sarmiento que no da fruto será arrancado y el que lo da, será podado para que dé más”. Y en el domingo que estamos celebrando, continúa y va dando un paso más: porque Él ha amado como el Padre le ha amado, nos ordena: “permaneced en mi amor”.  Y permaneceremos en su amor si guardamos sus mandamientos o mejo: el único   mandamiento: “amaos como yo os he amado”.

Esa será la fuente de la profunda alegría y el sello que los identifique, la señal que hará exclamar a cuantos les observen: “ved cómo se aman”. Es el círculo trinitario en el que la comunidad de discípulos/as está inmersa y que por sí sola debería hermanarnos tan estrechamente  que fuéramos testigos inconfundibles del amor de Dios.

¿Cómo, pues cumpliremos este mandato? Porque no hay vuelta de hoja: es exigencia, es norma que, o se cumple o no somos auténticos amigos y amigas de Jesús. Descendiendo a lo concreto, una se emociona  y se estremece al contemplar cómo el Padre ama a su Hijo y cómo los dos, en el Espíritu,  aman universalmente a toda la humanidad.  El amor del Padre por el mundo es inconmensurable puesto que es capaz de enviarle a su Hijo a sabiendas de lo que iba a suceder. Su misericordia es infinita como no se cansa de anunciar el papa Francisco.

Los tres planearon el proyecto salvífico y en perfecta obediencia, el Hijo aceptó, también consciente de lo que iba a pasar, si mostraba fielmente el rostro de su Padre.  Pero Jesús vive en ÉL, se siente amado plenamente por Él y está seguro que este amor es el que hará feliz al mundo, a los hombres y mujeres, el que garantizará la armonía en la convivencia humana,  el que creará relaciones de fraternidad,  el que despertará la solidaridad universal. Porque por ser puro, está limpio de egoísmos y de ambiciones. Por eso es capaz de exigirlo y convertirlo en mandato a quienes están dispuestos a seguirle.

Para ello, hay que permanecer en este amor. En primer lugar, hay que permanecer  unidos a ÉL, en continuo contacto personal y comunitario, buscando sus gustos, descubriendo y discerniendo en todo momento su pensar en las situaciones actuales que nos toca vivir.

Permanecer luego en el servicio constante ejercitándonos en “tener a los demás por superiores” y estando a los pies de quienes necesitan que les sean lavados y curados, en generosa actitud samaritana. Permanecer en la entrega diaria, dando la vida gota a gota, en  valiente actitud profética. Permanecer en los grupos comunitarios con todo lo que comporta:  de escucha, de diálogo, de apoyo mutuo. De aportar ilusión y esperanza

¡CUANTÁS COSAS ENCIERRA EL  “PERMANECER EN EL AMOR”!!!  ¡y cuán difícil es actualmente la fidelidad cuando estamos rodeados de tanta inestabilidad, de tantas relaciones inconsistentes y provisionales!

Escuchando y contemplando este mensaje que nos brinda esta despedida de Jesús, somos invitadas/os a buscar esta fuente trinitaria: “¡qué bien sé yo la fonte do mana, aunque es de noche!”, a beber de ella, a VIVIR DE SU VIDA!!!

 

 

 

 

 

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