… que se note

lunes, febrero 26th, 2018

3º Domingo de Cuaresma, ciclo B

Por: Rosa María Belda Moreno. Mujeres y Teología de Ciudad Real

Lectura del libro del Éxodo (20,1-17)

En esta lectura recordamos los diez mandamientos, esos que Dios señaló a Moisés, y que estudiábamos en la catequesis, esa ley que supone una pauta, una moral “de mínimos” podríamos decir, eso que sirve para convivir sin pisarnos unos a otros. Me fijo en la frase: “Yo soy el Señor, tu Dios”, como esa llamada a volcar la mirada solo en Él en medio de los muchos ídolos y fantasías que nos descentran del Centro, de Él. Ídolos que pueden ser el propio quehacer, una determinada relación, el lugar seguro que es la costumbre, todo muy bueno, como las tantas justificaciones que nos sirven para no cambiar nada.

Aquí estoy, mi Dios, que me sacas de la esclavitud y me conduces a un lugar mejor. Pareciera que en nuestras vidas, en la mía, siempre le digo, “espera, aún no”, no le dejo impregnarlo todo, llenarlo todo, orientarlo todo para que de verdad sea todo del Señor. En el fondo, aparco la plenitud, sigo apretando el paso, no me entrego del todo a Él.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,22-25)

Pablo dice que nosotros, los cristianos, predicamos a un Cristo crucificado que es la sabiduría de Dios y la fuerza de Dios. Realmente es incomprensible, escandaloso, ¿cómo puede ser? Solo aceptamos esta idea penetrando en el Misterio de la fe con los ojos abiertos, sabiendo que en lo débil, Él se refleja con más luz. Esto nos hace repensar la vida, la existencia, en función de las personas más sufrientes. Ellos orientan nuestra acción y nuestro compromiso.

Lectura del santo evangelio según san Juan (2,13-25)

Este evangelio según san Juan, siempre ha provocado un cierto desconcierto. ¿Está Jesús siendo violento? ¿Cómo fue la cosa en realidad? Tal vez no lo vamos a saber con exactitud, pero sí que Jesús manifestó rabia porque en el templo se hiciera negocio, que se comerciara, porque ¿en qué se había convertido el templo? ¿No es ya el lugar de culto, de enseñanza, referencia de la fe? Parece que las cosas se habían pasado de rosca, y que los “mínimos”de la lectura del Éxodo, no se respetaban en la práctica, aunque quizá sí en la teoría. ¿Nos pasará esto a los cristianos a veces? ¿Tan fácil es perder el norte y relativizarlo todo?

Yo me lo digo a mí misma: Actúa, no hables tanto. Si Dios es tu centro, que se note; si crees en Cristo crucificado que se note; si en la debilidad Dios se expresa, que se note. “Muchos creyeron en Él viendo los signos que hacía”, eso dice el Evangelio. Percibo una llamada a la profundidad y a la conversión del corazón. Es Dios el que conoce el interior, a Él no podemos engañarle. En un mundo de apariencias, de mercado, de ganancias y de éxitos, Él llama a la sencillez, al corazón, a volver a la fe original, a no quedarnos enganchados en las ramas y ser de Él siguiendo los pasos del Evangelio, abiertas a discernir los signos de los tiempos hoy. 

 

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