“Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto”

Tu eres mi hijo a quien yo quiero

“Tú eres mi Hijo, a quien yo quiero, mi predilecto”

 Fiesta del Bautismo de Jesús
Por: Rosa Mª González. Vita et Pax. Tafalla. Navarra

Textos Litúrgicos: 
Is 40, 1-5. 9-11
Sal 103
Tit 2, 11-14; 3, 4-7
Lc 3, 15-16. 21-22

Hemos celebrado, una vez más, el nacimiento y la infancia de Jesús con un significado teológico y espiritual. Hoy terminamos estas fiestas de Navidad con un Jesús adulto, que se acerca al río Jordán para ser bautizado por Juan el Bautista.

Nos relata el evangelista Lucas que, en un bautismo general, Jesús también se bautizó. Juan no preparó para Jesús nada especial, ni él lo pidió. Como nos dice S. Pablo en el capítulo 2 de la carta a los filipenses: “Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos”

¿Quién iba a bautizarse con Juan? Los pecadores, los que querían arrepentirse, purificarse, comenzar una nueva vida. Y Jesús, conducido por su Padre, se une a la condición de todos. Sin embargo Juan advierte que él bautiza con agua pero que el que viene detrás de él “os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.

El evangelista Lucas nos describe con unas bellas imágenes, el misterio que allí ocurrió: la presencia del Espíritu Santo, la voz que al hacerse palabra llama a Jesús Hijo amado y predilecto. Por eso esta fiesta nos llena de alegría. La paternidad de Dios nos llega por ser hermanas/hermanos del Hijo y como consecuencia, nos conduce a sentirnos también hermanas y hermanos de toda la humanidad.

Para no quedarnos en bellas palabras que se las lleva el viento, nos sale al encuentro en la liturgia de hoy el profeta Isaías en la descripción de siervo, atribuido a Jesús que tomó esa condición hasta dar la vida por cumplir su misión. Merece la pena leer con detenimiento hoy al profeta Isaías en esta bella y profunda narración, empleando la figura retórica para describir al siervo de Yahveh:

La llamada: Mi siervo, mi elegido, con mi espíritu. Te he llamado con justicia, te he tomado de la mano, te he formado…

Lo que no hay que hacer: No gritará, no clamará…. La caña cascada no la quebrará….

Misión: Promoverá fielmente el derecho. Te he elegido para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas.

Esta fiesta del bautismo nos invita a renovar las promesas bautismales, a sentirnos conducidas/os y amadas/os por el Padre; a dejar que Jesús sea el centro de nuestras vidas y así, con su fuerza, cumpliremos nuestra vocación y misión.

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