¡Velad!

¡Velad!

Domingo 1º de Adviento. Ciclo B

Por: Rosa Mary González. Vita et Pax. Tafalla

Comenzamos un nuevo año litúrgico; atrás dejamos muchas cosas y situaciones vividas durante el año que ha terminado, tantas personas cercanas y lejanas que nos han dejado y ya se encuentran cerca de nuestro Padre-Dios. Todas ellas han marcado  una huella profunda en nuestras vidas y, al recordarlas, sentimos su presencia de fortaleza y fragilidad, de alegría y tristeza, de juventud y vejez, de amor y donación. 

Y el evangelio de hoy, a pesar de ser el comienzo de un nuevo año, nos recuerda que no sabemos “cuándo vendrá el señor de la casa”. Más que recordar nos apela con imperativos a estar a punto: “estad atentos, vigilad. Velad, ¡Velad!”.

En el hoy de nuestra vida este mandato de Jesús nos interpela y nos hace preguntarnos por la realidad de nuestras vidas. A nosotras, a nosotros, nos toca respondernos con sinceridad en qué actitud estamos. ¿Vivimos no solo preocupadas sino ocupadas en descubrir tantas carencias que nos rodean de soledad, de pobreza, de dolor, de angustia…. Y hacemos algo por mitigar tanto sufrimiento?  ¿Estamos vigilantes para realizar la misión a la que estamos llamadas?.

Es muy fácil acomodarse en el sofá, sentir el calor en nuestro cuerpo, tener en la mesa más de lo necesario para vivir, acostarse por la noche en una buena cama y un mejor colchón, estar rodeadas de amigos y amigas que nos comprenden, nos enriquecen, nos hacen sentirnos bien.

Y a todo eso tenemos derecho sí, pero no olvidemos que hay que trabajar para lograr esos mismos derechos para todos y para todas. Es ahí donde  hay que  estar vigilantes, hacer lo poco o mucho que podamos pero sabiendo que esa es nuestra misión: VIGILAR.

Muchos ponen a Sócrates como el autor de esta frase: “vivir despiertos es una forma de mirar”. Me gusta este pensamiento porque de nuestra forma de mirar el mundo y desde donde lo  miremos, iremos  orientando nuestro criterio a la hora de actuar. Tenemos delante muchas ofertas para ser felices y  casi siempre a nivel individual, pero el evangelio nos señala la manera de mirar y de actuar de Jesús.

Sabemos cómo miraba a los niños, a los pobres, a los enfermos, a sus discípulos, a sus amigos y amigas, a los extranjeros, a los que vivían fuera de la ley…  También qué pensaba de los que ponían la ley por encima de las personas cuando estas necesitaban de su ayuda, de los que querían estar a su lado para descansar: “¡hagamos tres tiendas!”.

Hoy también nos sigue llamando con insistencia a continuar su misión y el profeta Isaías nos da la clave para dejarnos conducir por Él, decirle de corazón:

 “Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: todos somos obra de tu mano”

 

 

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