Hacer memoria amable

Domingo 21º  T.O. Ciclo B

Por: José Antonio Ruíz Cañamares, sj

El Evangelio de hoy pertenece al final del discurso de Jesús sobre el pan de vida. La gente que lo sigue se ha dado cuenta que seguir al Maestro es entender la vida como Él la entiende, desde la entrega que da vida al mundo. Esto les resulta duro y “desde entonces muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron más con él” (v. 66).

También es ocasión para que los doce se replanteen si el camino seguido tras el Maestro merece la pena o no. La posibilidad de cambio de vida y de abandono se les pone delante como algo real. Jesús es consciente de ello y abiertamente se lo plantea: “¿también vosotros queréis marcharos?” (v. 67).

No tiene nada de novedosa esta encrucijada vivida por los discípulos. Siglos antes el pueblo de Israel fue interrogado de la misma forma por Josué: “Elegid a quién queréis servir”. Hacía ya mucho tiempo que el pueblo había salido de Egipto.

También nos pasa a todos los que hemos tomado una opción seria ante la vida, sea desde la fe o desde unos valores claros asumidos personalmente. Llegan momentos de duda, de cansancios, de debilidades, en donde la tentación también nos susurra con más o menos intensidad: ¿podrás aguantar así toda la vida? ¿te merece la pena la dureza y la renuncia que supone vivir así?

La Palabra de este domingo arroja luz sobre estas situaciones. Lo primero que nos dice es que no hay que precipitarse. Ignacio de Loyola acuñó la expresión “en tiempo de desolación no hacer mudanza”. Y lo segundo es que en estas situaciones de duda hay que hacer memoria de cómo nos ha ido en nuestra vida viviendo así y quién es el Dios en el que creemos. Hay que hacer “memoria amable”. Y el pueblo de Israel lo hizo y re-cordando quién era su Dios su respuesta fue clara y firme: “serviremos al Señor que nos sacó de Egipto”. Los doce en boca de Pedro también afirman con claridad: “¿a quién vamos a acudir? sólo Tú tienes palabras de vida eterna”.

El salmo nos hace una invitación de suma importancia: “gustad y ved que bueno es el Señor”. Sin la experiencia interna de haber gustado la bondad del Señor nuestras opciones de vida desde la fe quedan muy amenazadas. Teresa de Jesús decía que en aquellos tiempos “se necesitaban amigos fuertes de Dios”. Hoy quizá más. Ojalá y que el Señor nos dé luz suficiente para valorar la fe y las consecuencias que eso tiene en todas las dimensiones de nuestra vida, para que nunca vacilemos de que hemos tomado la mejor opción, la que mayor plenitud de vida nos aporta, y que nos compensa con creces las renuncias que lleve consigo.

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