Domingo de las advertencias. Domingo de la esperanza

lunes, noviembre 25th, 2019

Domingo 1º de Adviento. Ciclo A

Por: Teresa Miñana. Vita et Pax. Valencia

Adviento es un tiempo de urgencia, de despertar si nos habíamos dormido, de avivar la fe. ¡Viene el Señor!  Dios está con nosotros, es un aliado, está a favor de nosotros. Dios es el Libertador.

Debemos celebrar el Adviento para esperar como Jesús más que para esperar a Jesús. Vivir más que el Adviento, que es espera, vivir la parusía que es la cercanía sanadora de Dios. Ahondar en nuestro corazón para hacer que crezca la presencia oculta, la consolación de los afligidos, la liberación de todas las criaturas oprimidas, la restauración de todo lo creado.

Adviento es un tiempo propicio para lanzar hasta el corazón de Dios este grito: Maranatha. ¡Ven, Señor Jesús! Pero este grito sólo lo podrá emitir quien esté persuadido por la fe de que camina hacia la libertad, no hacia la muerte. Porque es en la muerte cuando ocurrirá para nosotros la venida definitiva del Señor Jesús. Será el momento del encuentro con Dios, la Vida con mayúscula.

Vivimos tiempos convulsos, ajetreados por la política, la economía, el consumo, el cambio climático, las guerras… tantas injusticias. A veces, pensamos no podemos hacer nada porque tanta “agresividad” nos da miedo y nos paraliza.

En medio de tanta angustia, Isaías tiene el valor de anunciar al pueblo que, si son fieles al Señor, el final será el triunfo, el triunfo del Señor: Jerusalén será restaurada, se venerará al Señor en su santo templo, y el pueblo será “El Pueblo Santo”, “El Pueblo de Dios”, que será luz de las naciones.

Comenzamos el Adviento e Isaías nos habla apocalípticamente. Es una visión del fin de los tiempos, en positivo, no como destrucción y catástrofe sino como culminación, plenitud: “Dios será todo en todos”, “todos los pueblos caminarán a su luz”.

Esta es una visión apocalíptica, pero en el tiempo nuevo tenemos la realidad de Jesús que nos llama a formar parte de Reino de Dios.

Una buena noticia por palabra del ángel. Hay salvación, hay luz, no tengáis miedo. No es más fuerte la noche, no es más fuerte la violencia, no es más fuerte la injusticia, no es más fuerte el odio, no es más fuerte el dinero. Dios es más fuerte. Parece un niño, pero es indestructible.

La debilidad de este niño es semejante a la debilidad del anciano, el anciano también es indestructible por la fe, necesidad de estar en guardia para no perder la vida.

Este niño nos salvará de la noche. Mi envidia y mi pereza, mi necesidad de disfrutar cada vez más, mi rencor, mi violencia y mi avaricia, lo que seca mi vida y la hace estéril, lo que cierra las sombras y me hunde en la falta de sentido, lo que me roba la paz y la esperanza, lo que convierte cada día en una estepa desolada y sin agua, la noche de mi vida… Este Niño puede convertir mi tiniebla en luz.

Pablo tiene en cuenta nuestra condición de caminantes y nos dice: Caed en la cuenta de a dónde va la vida y obrad en consecuencia. No despreciéis la vida.

El evangelio de hoy nos invita a estar en vela, a estar preparados. Porque no sabemos ni el día ni la hora en que Jesús nos llamará definitivamente.

Lo más urgente para nosotros hoy, es centrarnos en hacer nuestro el mensaje de Jesús y vivir esa posibilidad de plenitud que él vivió y propuso. Partiendo de su vida y su mensaje, debemos tratar de dar sentido a la nuestra.

Dios no tiene que venir en ningún momento ni de ninguna parte, porque es la base y fundamento de mi ser y si se separara de mí un solo instante, mi ser volvería a la nada. Lo que llamamos Dios está en mí como fundamento, aunque yo no descubra su presencia.

El error en el que estamos instalados, es esperar que esa salvación venga de fuera; y Dios viene siempre desde dentro. Aquí puede que esté la clave para cambiar nuestra mentalidad.

Adviento no es solo la preparación para celebrar dignamente un acontecimiento que se produjo hace más de veinte siglos. El Adviento debe ser un tiempo de reflexión profunda, que me lleve a ver más claro el sentido que debo dar a toda mi existencia.

La invitación de Fray Marcos es:

“¡Caminemos a la luz del Señor!”
Aun desde las tinieblas, podemos vislumbrar esa luz que nos guíe
si estamos despabilados, bien despiertos y ojo avizor.
No me lo va a pedir el cuerpo. Hay que hacer un esfuerzo.
Pero merece la pena porque en ello nos va la Vida.

 

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