En camino hacia el amor misericordioso

jueves, diciembre 1st, 2011

Por: Teresa Miñana – Vita et Pax. Valencia

Voluntariado es término de reciente acuñación. Parece que tiene una connotación de generosidad, de tener la voluntad de salir al encuentro de las necesidades de los demás.

Cuando yo era joven no se estilaba su uso, los términos utilizados para expresar este concepto  eran servicio, asistencia, auxilio, militancia, etc…

Una vez jubilada, me encontré con todo el tiempo a mi favor y efectivamente este tiempo fue un favor para mí.  Estaba trabajando en Roma y regresé a Valencia, mi ciudad,  donde tengo muchos amigos con los cuales ya había trabajado anteriormente y casi con urgencia me pusieron en contacto con el presidente de la Fundación Novaterra. Esta Fundación no era desconocida para mí porque hace años estuve colaborando con lo que en aquel momento era la Asociación de lucha contra el paro.

Poco a poco, desde hace un año, me he ido introduciendo en esta tarea voluntaria. Voluntariamente me he dejado “pescar” por quienes gestionan esta Fundación y cada vez tengo más responsabilidades, dedico más tiempo y me siento más feliz.

¿Qué es y qué hace la Fundación Novaterra?

“Es una iniciativa civil de personas y entidades que lucha contra la pobreza y la exclusión social en nuestra sociedad, apoyando a las personas más desfavorecidas, por medio de su formación e inserción laboral para su promoción e integración plena en la sociedad”

En el momento social que vivimos, en el que el número de parados se cuenta por millones, trabajar a favor de los parados más desfavorecidos es una urgencia, una obligación, una exigencia. Contactar con familias en las que todos sus miembros están en paro, es tocar una realidad sangrante. Recibir a mujeres maltratadas, jóvenes que han superado el proceso de Proyecto Hombre, otros que acaban de experimentar la libertad y algunos inmigrantes, puedo decir que me conmueve, me hace salir de mi misma para acoger a estas personas, en su mayoría muy débiles y muy castigadas por la sociedad y que viven el peligro de ser reducidas a la exclusión.

Y lo que hago es un deber de restitución de las dignidades que han sido arrebatadas por la injusticia. Siento la obligación de estar ahí, al lado de estas personas: que nos hemos empeñado en excluir. Que no queremos ver, que queremos esconder porque nos molestan, porque apelan a nuestra dormida conciencia.

Y quiero aportar mi granito de arena para que emerjan y se puedan situar a la altura de su dignidad.  Deseo trabajar con entusiasmo y con pasión a pesar de que los resultados tardan en llegar.

Y aprendo sencillez, debilidad, inseguridad. Acojo miradas dubitativas.

Aprendo del entusiasmo de mis compañeros que ponen al servicio de este fin sus talentos, sus conocimientos, su capacidad emprendedora, su dedicación decidida. Su tiempo y sus vidas entregadas.

Y doy gracias a Dios por la vida que  encuentro en el desvalido, en el compañero entusiasmado por este trabajo, en los que acogen mi discurso explicativo de lo que es Novaterra, en los que se compadecen de los parados más desfavorecidos, en la creatividad de quienes emprenden con decisión pequeñas empresas que crean puestos de trabajo digno y justo.

Todo lo que expongo permite concluir que estoy feliz y agradecida por poder realizar este trabajo, por sentirme acogida y valorada por mis compañeros y porque cada vez me siento más libre para regalar mi tiempo y mi vida.  Porque estoy en camino hacia el amor misericordioso.

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