¡Cristo está vivo!

¡Cristo está vivo!

Pregón Pascual

Por: María Auxiliadora Fernández Fernández. Mujeres y Teología. Ciudad Real

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ¡HA RESUCITADO!”

Esta es la Gran Noticia, esa que da sentido a nuestra vida, fortalece nuestra fe y afianza nuestra esperanza.

Y la proclamamos con la energía que brota de un sepulcro vacío, y con la esperanza de que esta Gran Noticia destruya para siempre todo signo de muerte.

¡CRISTO HA RESUCITADO! Una vez más, el Amor ha triunfado. El mal y el egoísmo humano, no tienen la última palabra, aunque a veces lo parezca… aunque haya que esperar a veces tanto… aunque duela… aunque duela tanto a veces.

¡CRISTO ESTÁ VIVO! Y se deja ver por quienes tienen los ojos bien abiertos, los oídos atentos para escuchar el clamor de la gente empobrecida, el alma repleta de esperanza y el corazón colmado de misericordia. Y se deja ver por quienes, como aquella primera Mujer –la Magdalena-, siguen corriendo a toda prisa, al encuentro del Señor Resucitado.

¡Que se alegre la Iglesia y la Humanidad entera! Hay razones sobradas para la alegría profunda; hay razones sobradas para unir nuestras fuerzas, y seguir apostando por un mundo nuevo.

En esta Noche Santa, quienes nada poseen, quienes sufren y lloran, fruto de una “economía que mata, de la globalización de la indiferencia, de la idolatría del dinero y del poder absoluto de los mercados” -en palabras del Papa-, van a ver renovada su esperanza.

¡CRISTO ESTÁ VIVO! Y su Espíritu se palpa en los rostros que respiran Vida; en las manos abiertas para acoger todo el dolor del mundo: Personas que hoy y siempre, siembran la Luz de Cristo Resucitado por todos los rincones de la Historia.

Y esta ha de ser también nuestra tarea: Ser hoy y para siempre personas con sabor a Pascua, haciendo posible que la Fraternidad -el sueño de Dios-, se haga realidad en nuestro pueblo y en todos los pueblos de la tierra, hasta lograr que nuestro mundo sea la Fiesta permanente de la Pascua.

En la ofrenda del Cirio –símbolo de Cristo Vivo-, ponemos nuestras vidas, y también junto a ellas, las vidas olvidadas, las que siguen estando en las cunetas de la historia, esperando que un coro de voces -nuestras voces-, hoy ya resucitadas para siempre, les anuncien noticias de esperanza.

¡CRISTO HA RESUCITADO!

¡CRISTO ESTÁ VIVO!

Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”

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