¡Tiempo de víctimas! ¡Tiempo de personas!

¡Tiempo de víctimas! ¡Tiempo de personas!

Domingo 3º de Pascua. Ciclo B

Por: José Luis Terol. Profesor de Filosofía. Zaragoza

Más allá de los datos y elementos objetivos que configuran nuestras vidas resultan muy significativos los relatos y las narraciones que nos la cuentan. Los relatos configuran y formatean nuestro imaginario, nuestros sueños y esperanzas, nuestras emociones, nuestros miedos y esclavitudes. Los seres humanos podemos prescindir casi de todo, pero, en tanto que humanos, no podemos prescindir de los relatos y de las narraciones que dan sentido y totalizan.

¿Por qué es tan feroz el conflicto entre relatos? ¿Por qué es tan importante el control y el predominio sobre los relatos y narraciones que se cuentan? ¿Por qué los poderosos invierten grandes sumas en configurar y jerarquizar lo que se relata y se narra? ¿Por qué buena parte de las grandes batallas y conflictos se libran hoy en los Medios de Comunicación?

Estamos viviendo en estos días un ejemplo elocuente del poder y la magia de los relatos. Se nos repite como un mantra de primavera que la crisis económica es cosa del pasado, que España es la admiración de muchos países por las “reformas” que ha emprendido, que las cifras de macroeconomía apuntan a un futuro prometedor. Quien vende y es responsable de este relato esconde y pasa a la penumbra a las víctimas: a las personas desahuciadas, a las personas que se suicidan, a las personas que tienen que escoger entre calentarse o comer, a las personas que han perdido su derecho de asistencia sanitaria…

Los cristianos sabemos bien del poder sanador de los relatos. Justamente y de manera paradógica, los relatos de la Buena Noticia que intentamos compartir en estos días de Pascua, son relatos totalmente encarnados y descarnados de una Víctima que para nuestra Comunidad de seguidores evoca y sacramentaliza a cada una de las víctimas de nuestra historia pasada, presente y futura. No debemos perder la conciencia de la “locura” que supone  atrevernos a compartir como Buena Noticia y oferta de salvación la vida fracasada de Jesús El Cristo.

En nuestra comunidad eclesial cada fracción del pan, cada sacramento y evocación de la memoria viva de Jesús, a quien proclamamos vivo y resucitado, pone en el corazón de nuestra fe y de nuestras celebraciones a todas y a cada una de las personas que están siendo víctimas en el presente.

Hemos podido malentender desde viejos esquemas religiosos víctimarios que Díos necesita una víctima propiciatoria, dolor y sufrimiento compensatorios, en una especie de intercambio macabro y deshumanizado que restableciese un perdido equilibrio cósmico. Por el contrario, la dinámica de la Pascua pone de relieve, junto a nuestro miedo y a nuestra ignorancia, el poder impotente de Dios que ilumina la brutal realidad del dolor y la injusticia de este mundo que genera tantas víctimas inocentes desde el Amor incondicional, silencioso, provocador del Cristo Muerto, Derrotado y Resucitado.

Por eso, el poder sanador y provocador del relato de la Pascua es una auténtica “bomba de relojería” del que nadie se puede apropiar y controlar, tampoco la Iglesia. Ante la paradoja salvífica de la Pascua sólo cabe que nos situemos como seguidores en continuo proceso de conversión, purificación y arrepentimiento. Cercanos y compañeros de camino de las víctimas de este tiempo, así como identificando  y tratando de desactivar todo intento de manipulación y relato que silencie y oculte a las personas victimizadas.

 

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