“Traer el Cielo a la Tierra”
VII Domingo de Pascua. Ascensión del Señor.
Por: Teresa Miñana. Vita et Pax. Valencia

“Traer el Cielo a la Tierra”
VII Domingo de Pascua. Ascensión del Señor.
Por: Teresa Miñana. Vita et Pax. Valencia

 

Textos Litúrgicos:
Hch 1,1-11
Sal 46
Ef 1,17-23// Ef 4,1-13
Mc 16,15-20

Jesús pasó haciendo el bien y en su último mensaje nos encarga una misión: proclamar la buena noticia por todo el universo y nos hace una promesa: nos promete el Espíritu, que nos dará la fuerza para ser sus testigos.

La presencia de Jesús resucitado en cada una de nosotras nos da una visión nueva de nosotras mismas y de todo lo que sentimos y nos rodea. Ahora podemos contemplar la realidad con ojos nuevos. Esta es la invitación que nos hace el texto de los Hechos: ¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?

 Mirar solamente al cielo es un peligro porque nos encierra en nosotras mismas y dejamos de ver la realidad que nos rodea, quedamos “ciegas”, con miedo, escondidas en nosotras mismas. El miedo paraliza e impide realizar la misión a la que estamos llamadas: PASAR LA VIDA HACIENDO EL BIEN, como Jesús.

Pero si nos dejamos iluminar el corazón por el Dios del Señor Jesús, nos llenará de sabiduría y revelación para comprender cuál es la riqueza a la que nos llama y con la que podemos ponernos al servicio de la misericordia y la ternura para los demás. Seremos conscientes de la fuerza del evangelio y de la necesidad de proclamarlo.

Nos aporta Fray Marcos que “Podemos considerar la Ascensión como el final de una etapa en la que los discípulos tuvieron una experiencia singular y única de la resurrección. Sería el momento en que los primeros cristianos dejan de mirar al cielo y empiezan la tarea de llevar esa experiencia a todos los hombres. Dejan de mirar hacia el cielo y comienzan a mirar a la tierra”.

Y esta es nuestra situación hoy: llevar nuestra experiencia de Dios a las gentes que nos rodean.

El evangelio de Marcos que proclamamos hoy es muy exigente: el que crea se salvará y hará signos prodigiosos… podemos preguntarnos muy seriamente qué signos hacemos en nuestra vida ordinaria que pongan de manifiesto que somos creyentes en Jesús.

¿Qué signos nos acompañan como creyentes?

  • Acompañar enfermos?
  • Eliminamos el veneno mortal de la maledicencia?
  • Hablamos la lengua del amor y la compasión?

Así podemos sentir la alegría de que es el Señor Resucitado que nos acompaña y está en nosotros y con nosotros, no solamente en el cielo. Nosotras debemos traer el cielo a la tierra para que los demás puedan creer en El por nuestras buenas obras.

Y no estamos solas porque ya tenemos el Espíritu que está en nosotras y nos impulsa a la misericordia y a la compasión.

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