No estamos solas en el camino del desierto

Domingo 1º de Cuaresma. Ciclo C

Por: Chus Laveda. Vita et Pax. Guatemala

Después de la celebración del miércoles de ceniza, donde iniciamos el recorrido cuaresmal de este año, las lecturas de este domingo nos sitúan en cual debe ser la razón fundamental de nuestro ser como seguidoras de Jesús, siguiendo su mismo pensar y sentir: la certeza de que Dios acompaña nuestra andadura y su fidelidad para con nuestra historia y la respuesta personal a ese Dios que busca nuestra felicidad.

La primera lectura nos recuerda la importancia de hacer memoria histórica de nuestro ser pueblo. Moisés motiva a que, en la presencia del Dios de Israel y al presentar las ofrendas ante el altar, la persona haga presente la historia de su pueblo y cómo Dios lo fue guiando hasta su liberación, dándoles una tierra que mana leche y miel.

Pablo recuerda a los romanos cómo deben reconocer la salvación que les llega de parte de Dios y la importancia de acogerla y proclamarla, esta vez, por medio de la ofrenda del Hijo resucitado por su Padre Dios. Creer con el corazón, proclamarlo con la boca, anunciarlo a las gentes y vivirlo en los gestos y acciones de cada día, que son el testimonio de esa liberación, reconocida en Jesús.

El evangelio nos ofrece el testimonio del mismo Jesús, que, ante las ofertas del tentador que le presenta la inmediatez para lograr el poder, el tener, la riqueza, la solución a los problemas del hambre y la dominación del cosmos, al costo que sea, Jesús tiene conciencia de la presencia de Dios en su historia y sabe que el ceder a esas tentaciones no es el camino para la felicidad. Y mantiene su fidelidad al Dios que siempre ha acompañado a su pueblo.

Se nos olvida la historia. Caemos en la tentación de pensar que el poder, el tener, la fuerza es lo que va a resolver nuestros problemas y olvidamos al Dios paciente, misericordioso, acogedor de todas y todos, que acompaña en fidelidad y trasciende la historia.

También hoy, frente a tantos problemas, tanta injusticia, tanto dolor y soledad que viven los pueblos, especialmente los más empobrecidos, sentimos la tentación de resolver desde la inmediatez, la violencia, la solución rápida a tanta necesidad.

Es complicada esta historia y nos resulta difícil “mirarla” y descubrir en ella signos de esa presencia de Dios que libera y acompaña en fidelidad al ser humano, creado a su imagen y semejanza.

La sociedad nos invita a buscar la felicidad en el poder, el tener, el prestigio y ponerlos al servicio de nosotras/os mismas/os. Y no reconocemos la tentación que está en la entraña de esa propuesta.

  Ser diferente, trabajar a contracorriente, poner nuestro corazón en lo que Dios sueña para todas y todos es difícil. Y Hay que mantenernos en la fidelidad a la búsqueda de una vida plena y para todas/os, al estilo de Dios.

Hoy se nos invita, de nuevo, sin olvidar nuestra historia como pueblo de Dios, a seguir intentando convertirnos a su proyecto y entender la vida de otra manera. Y a proclamar, desde la palabra de Jesús y su ejemplo que  “no solo de pan vive el hombre, no tentarás al Señor tu Dios”.

 

 

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