Os traigo una gran NOTICIA

Natividad del Señor

Por: Ascensión de Vicente. Vita et Pax. Madrid

Os  traigo una gran NOTICIA: HOY EN BELÉN DE JUDÁ os ha nacido un Salvador

Sí, hoy nos ha nacido un Salvador, es la gran Noticia que debemos proclamar a todo el mundo, es Navidad, palabra que suena a fiesta, a villancicos, a regalos que la sociedad del consumo se atreve  a presentarla como el centro de la vida, pero para nosotros los cristianos es la gran fiesta, fiesta que se celebra de manera global, es decir por todo el mundo.

Reconoce oh cristiano tu dignidad” dice San León Magno. Los cristianos tenemos motivos suficientes para el gozo y la alegría “pues un niño  nos ha nacido, un hijo se nos dado y se llama Emmanuel, Dios con nosotros” (Isaías 9, 6). Celebramos que Dios se hace presente entre nosotros, se hace uno de nosotros, toma nuestra humanidad, se encarna, con todas sus consecuencias, nace pobre, en un portal, “pues no había sitio para ellos en el mesón”, por lo que con el evangelista Juan podemos decir: “Y EL VERBO SE HIZO CARNE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS”.

Las lecturas de este día, que tiene el privilegio de tres celebraciones Eucarísticas, nos presentan,  sobre todo los evangelios, la realidad del misterio en toda su amplitud. Lucas nos relata el nacimiento en Belén, pobre y humilde; la Adoración de los pastores que fueron los primeros, los privilegiados en recibir la Buena Noticia y Juan en su prólogo nos dice que el acontecimiento de Jesús de Nazaret es la PALABRA ENCARNADA.

Las  lecturas de los tres esquemas de las  Eucaristías  nos invitan a vivir en profundidad el misterio,  a no dejarnos captar por las llamadas que la publicidad y los medios de comunicación nos presentan,  una Navidad de cenas y comilonas, de fiestas mundanas y de encuentros familiares, pero también a sentir la cercanía de los pobres y marginados, de los que se sienten solos, de los emigrantes  y de todos los excluidos de la sociedad, y con hechos decirles que Jesús, el Hijo de Dios se ha encarnado y tratar de vivir como El vivió.

No es fácil ir a contracorriente, pero es la llamada que la Iglesia nos hace. El Papa Francisco en su discurso programático dice  “Sueño con una Iglesia pobre para los pobres”, discurso que sigue ofreciendo, no solo a los creyentes sino también a todos los hombres de buena voluntad con palabras, pero sobre todo con su vida, y en otros momentos de su magisterio nos lo va repitiendo.

En la Oración colecta de la Misa del día, le pedimos al Señor “compartir la vida divina de aquel que hoy se ha dignado compartir con el hombre la condición humana”. Es una oración literariamente perfecta y teológicamente sublime. Viene a ser una síntesis del Misterio de Navidad que estamos celebrando (D. Cornelio Urtasun, Oraciones del Misal.)

Qué puedo hacer yo hoy. Cómo podemos vivir las comunidades eclesiales esta Navidad. Qué respuesta podemos dar en este mundo conflictivo donde los hombres y las mujeres vivimos enfrentados, donde las desigualdades, las violencias, las guerras están a la orden del día. Desde nuestras realidades, por pequeñas que nos parezcan podemos colaborar y hacer posible un mundo más humano y fraterno, participando en acciones que pacifiquen las relaciones humanas, que luchen por la justicia,  desde la solidaridad  y el compromiso.

También podemos reconocer y agradecer a tantos hombres y mujeres que en el mundo trabajan por mejorar la vida de los excluidos. Gentes creyentes y no creyentes, gentes de Iglesia, consagradas/os que trabajan en los países en vías de desarrollo, con problemas graves de convivencia, en los barcos que tratan de recuperar a los emigrantes que viven a la deriva en el mar que vienen en pateras, cerca siempre de los que sufren y viven en condiciones infrahumanas, ellos hacen posible la Navidad, la presencia del Dios con nosotros

GLORIA A DIOS EN EL CIELO Y EN LA TIERRA  PAZ

Acércate a esos lugares del mundo
donde hoy acampa silenciosamente
el Verbo, sin derechos y sin palabra,
donde se refugia su humanidad
desnuda, doliente, maltratada.

Acércate y ofrécele acogida,
casa donde pueda morar y descansar,
porque ha venido y está en lo suyo,
aunque no tenga credenciales.
ni permiso legal de residencia.

Acércate y escucha, en silencio, el clamor
de sus gritos, gemidos y palabras,
reivindicando sus derechos
y los nuestros que están pisoteados;
acércate sin miedo, quiere ser nuestro amigo.

Acércate y déjate querer
por quien ha plantado su tienda entre nosotros,
y en medio de este mundo tenso,
hostil, cerrado y acotado,
pone la ternura de Dios en nuestras manos.

Acércate a Belén como los pastores
y contempla a Dios encarnado;
acércate alegre y raudo
aunque ya no haya estrellas
ni rumor de ángeles ni cantos.

Acércate ahora que puedes
comenzar un año nuevo
lleno de vida y presentes
y se te abre el horizonte
porque hay alguien que te quiere.

Florentino Ulibarri

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